Neurologia

#Un circuito genético vincula #nicotina con #diabetes tipo 2

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La nicotina aumenta la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 a partir de un circuito molecular que se describe en ratas en una investigación publicada esta semana en ‘Nature’.

La diabetes es mucho más frecuente entre los fumadores que en los no fumadores, pero las razones que explican esa asociación no estaban identificadas. Ahora, un estudio que se publica en Nature muestra que el consumo de nicotina está vinculado, a través de un circuito cerebral, a la actividad del páncreas. La presencia de nicotina hace que el páncreas libere menos insulina, lo que eleva el nivel de azúcar en sangre y, por tanto, el riesgo de diabetes.

El circuito que vincula tabaco y diabetes, y que se describen en ratas, se basa en el gen Tcf7l2, que regula la expresión genética en el páncreas y el hígado que determina los niveles de glucosa en sangre. Además, el gen también regula la respuesta a la nicotina de las células en la habénula, un área del cerebro que controla las conductas asociadas a la recompensa y la aversión. Si bien se ha descubierto que las variaciones en Tcf7l2 aumentan las posibilidades de presentar diabetes tipo 2, se sabe poco sobre su función en el cerebro. Este estudio descubrió que Tcf712 controla una vía que une la habénula con el páncreas, mediante un circuito que finalmente es responsable de un aumento de la glucosa en sangre inducido por la nicotina.

“Nuestros hallazgos son importantes porque describen un mecanismo que controla las propiedades adictivas de la nicotina y, sorprendentemente, muestran que los mismos circuitos cerebrales relacionados con la adicción también contribuyen a las enfermedades relacionadas con el tabaquismo que anteriormente se pensaba que estaban relacionadas con las acciones del tabaco fuera del cerebro “, dice Paul J. Kenny, director del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina Icahn en el Hospital Mount Sinai de Nueva York y autor principal del trabajo.

Para conocer mejor la asociación entre Tcf712, la adicción a la nicotina y la regulación de la glucosa en sangre, los investigadores eliminaron el gen Tcf712 en ratas. Las ratas mutantes consumieron cantidades mucho mayores de nicotina que los animales en los que Tcf7l2 funcionaba normalmente. La eliminación del gen dio como resultado una disminución de los receptores nicotínicos en la habénula medial y, en consecuencia, la capacidad reducida de la nicotina para activar el circuito de aversión de la habénula. Inesperadamente, si bien la pérdida de la función Tcf712 en la habénula aumentó el consumo de nicotina en ratas, este cambio también redujo el aumento de glucemia impulsado ​​por la nicotina y evitó la aparición de anormalidades asociadas a la diabetes en los niveles de glucosa en sangre.

“Este hallazgo inesperado sugiere un vínculo entre el consumo de nicotina y la aparición de diabetes tipo 2, con implicaciones para futuras estrategias de prevención y tratamiento para ambas enfermedades”, afirma Nora D. Volkow, directora del Instituto Nacional sobre Adicción estadounidense (NIDA), que ha impulsado el estudio. “Aunque la adicción es una enfermedad cerebral, este descubrimiento subraya cómo las funciones complejas del cuerpo están exquisitamente interconectadas, revelando la necesidad de una investigación integrada e innovadora”.

Si estos hallazgos en ratas se confirman con la investigación en fumadores de cigarrillos, se podría estudiar en una eventual influencia las variaciones en el gen Tcf712 tanto en el riesgo de adicción al tabaco como en el desarrollo de diabetes asociada a nicotina.

De forma más amplia, los hallazgos sugieren que la diabetes tipo 2, y tal vez otras enfermedades relacionadas con el tabaquismo en las que las anomalías en el sistema nervioso autónomo desempeñan un papel, como la hipertensión y las patologías cardiovasculares, se originan en el cerebro e implican interrupciones inducidas por la nicotina de las interacciones entre la habénula y el sistema nervioso periférico.

“Nuestros hallazgos ayudarán a guiar la búsqueda de nuevos medicamentos contra el tabaquismo y también sugieren que un circuito particular en el cerebro puede dirigirse a tratar la diabetes en los fumadores y, tal vez, incluso en los no fumadores”, afirma Kenny.

#El #insomnio tiene consecuencias “nefastas” para los #niños

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Un 30% de los escolares sufren algún tipo de trastorno del sueño. Su diagnóstico y tratamiento es fundamental para un correcto desarrollo.

El sueño es esencial para la salud y el desarrollo de los niños. Un sueño de calidad promueve el desarrollo cerebral, mejora la memoria, favorece un mejor comportamiento y disminuye la irritabilidad. Sin embargo, no todos los niños duermen las horas que necesitan. Se estima que uno de cada tres menores en edad escolar padece insomnio, caracterizado por la dificultad para dormir y los continuos despertares.

“La mayoría de los casos de insomnio tienen una causa conductual, es decir, se da en niños que no se duermen de forma autónoma, sino que necesitan a los padres para dormirse o duermen incluso con ellos. Esos niños se duermen más tarde, se despiertan el doble de veces que los niños que duermen solos y tienen un sueño de peor calidad”, afirma Víctor Soto Insuga, neuropediatra especializado en trastornos del sueño del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid y coordinador del grupo de trabajo de Pediatría de la Sociedad Española de Sueño (SES).

El más común

El insomnio es el trastorno del sueño más común, pero no el único. La prevalencia del síndrome de piernas inquietas se sitúa en torno al 2% y la del síndrome de apnea del sueño entre el 1% y el 2%. A esos trastornos, Lourdes Delrosso, especialista en Medicina de Sueño en el Hospital Infantil de Seattle, sumó el trastorno de sueño inquieto infantil, que se caracteriza por una actividad motora excesiva durante el sueño que impide un descanso adecuado y repercute en el estado de ánimo y en el rendimiento académico de los niños.

Para Soto Insuga se trata de un trastorno con similitudes con el síndrome de piernas inquietas, “ya que ambas alteraciones tienen más predisposición a que afecten a los niños con niveles de ferritina bajos, por debajo de 50 nanogramos/mililitro”.

Pese a las cifras, los expertos en este tipo de trastornos coinciden en señalar que las alteraciones del sueño están infradiagnosticadas. Según el neuropediatra, esto se debe en parte a que los padres suelen infravalorar los trastornos del sueño de sus hijos al creer que duermen mejor de lo que lo hacen.

“El porcentaje de trastornos del sueño se multiplica por dos cuando a las preguntas de un pediatra responden los niños en vez de los padres. El problema es que muchos padres asumen los problemas del sueño de sus hijos como algo normal, cuando no lo son”, argumenta.

Tampoco ayuda, según Soto Insuga, que en el MIR de pediatría no haya ningún tipo de rotación por unidades de sueño. “Pese a la prevalencia que tienen, es como si los trastornos del sueño no existiesen”, lamenta.

No obstante, el experto considera que los pediatras de atención primaria en España “suelen estar bastante concienciados y tienen una buena formación” en trastornos del sueño, lo que en su opinión no evita que estas alteraciones en la infancia sigan estando infradiagnosticadas. “Toda concienciación sobre los problemas del sueño en esta etapa de la vida es poca, porque son muy prevalentes y tienen muchas consecuencias en la vida diurna”, añade.

Víctor Soto

“Toda concienciación sobre los problemas del sueño es poca, teniendo en cuenta su prevalencia y sus consecuencias en la vida diurna”

Para Víctor Soto, el diagnóstico precoz de los trastornos del sueño resulta “fundamental” para que éstos no se cronifiquen y para el correcto desarrollo de un cerebro en crecimiento y que atraviesa una fase de gran plasticidad neuronal. “Las consecuencias de un sueño de poca calidad son nefastas tanto a nivel conductual, como a nivel de aprendizaje, y posiblemente también tenga consecuencias a largo plazo a nivel endocrino, cardiovascular y autoinmune”, explica.

Señala el neuropediatra del Hospital Infantil Niño Jesús que, salvo los pacientes que son refractarios o en los que se sospeche que hacen falta pruebas complementarias, en cuyo caso habría que derivar al pequeño a una Unidad de Sueño, la consulta del pediatra de atención primaria es el “lugar perfecto” para el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del sueño infantiles.

Insomino conductual

En el caso del insomnio conductual, el trastorno más habitual, el tratamiento es igualmente conductual y se basa en un entrenamiento a los padres para ayudarles a que su hijo consiga dormir de forma autónoma. En estos casos, afirma Soto, “resulta importante la implicación del pediatra para convencer a los padres de la evidencia científica y desterrar mitos”.

Cuando el diagnóstico de insomnio así lo justifique, añade el experto, la melatonina se presenta como el tratamiento hipnótico más seguro y de primera elección para favorecer el sueño de los niños. En caso de insomnios de mantenimiento, el aminoácido triptófano “puede tener su función al ser precursor de la melatonina y permitir una mayor disponibilidad de esta hormona por la noche”.

En todo caso, concluye Soto Insuga, si estos tratamientos no consiguen una respuesta adecuada, lo recomendable, antes de prescribir medicamentos más fuertes, “es derivar al menor a una unidad de sueño”.

La relación bidireccional entre autismo y trastorno del sueño

Los trastornos del sueño son mucho más frecuentes en niños con desórdenes del neurodesarrollo. La relación con estos desórdenes es bidireccional. “Los niños con trastorno del neurodesarrollo tienen más problemas de sueño y dormir mal hace que se agraven los síntomas de aprendizaje y de conducta”, afirma Víctor Soto.

No en vano, según datos ofrecidos durante la XLII Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), se estima que más de un 80% de los niños con trastorno del espectro autista manifiestan trastornos del sueño.

“Son niños que se despiertan muchas veces. Secundariamente, además, acaban derivando en un insomnio conductual, porque los padres los acaban metiendo en sus camas, lo que provoca un agravamiento del problema, porque se despiertan más veces y se entra en un círculo vicioso”, explica el experto.

Para Soto es “fundamental” que además de centrar esfuerzos en la estimulación de estos niños durante el día, se mejore también el diagnóstico precoz de los trastornos del sueño “porque de lo contrario estaremos tratando de manera incompleta al paciente”.

#Common Types of Medications Linked to Increased Dementia Risk

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Study: Common Types of Medications Linked to Increased Dementia Risk

Posted on: August 17, 2018 at 3:37 pm
Last updated: October 8, 2019 at 3:45 pm

Correction Notice: This article originally appeared on Facebook with the title, “New Study: Many cases of ‘dementia’ are actually side effects of prescription drugs”. It has been updated to “Common Types of Drugs, Like Benadryl Linked to Increased Dementia Risk,” to more accurately reflect the study on which the article is based. The original Facebook title was misleading due to its implication that dementia was declared as a side effect of prescription drugs. The 2015 study in question did not come to this conclusion specifically, but rather only found there to be an increased risk of dementia with chronic use of  particular medications.

We wish it wasn’t the case but, unfortunately, memory loss is a hot topic. People have countless questions about brain diseases such as Alzheimer’s and dementia. What really causes it? Will there ever be a cure? Are there any natural preventatives? How do my other medications that I’m taking affect my risk of such problems?

In fact, there is growing evidence that chronic use of certain OTC and perscription drugs are linked to the development and exacerbation of dementia and its symptoms. We hope to answer these questions and more below. So, if you or a loved one is worried about or currently living with this problem, please keep reading…

How Common Is Alzheimer’s Disease?

Most people associate Alzheimer’s with memory loss, one of first and most common symptoms of the disease. On average, the progressive (and currently) irreversible brain disorder starts affecting people after 60 years of age. [1] However, there are many factors that contribute to an individual’s experience such as their genes, diet, lifestyle habits, and more.

According to Alzheimers.net, there are 44 million people who have Alzheimer’s or a related dementia, approximately 5,700,000 of whom are American. Health officials expect that number to rise to 16 million by 2050. And because it’s the sixth leading cause of death in America – the only one in the top 10 that cannot be cured, prevented, or slowed – it demands everyone’s attention. [1][2]

10 Early Warning Signs and Symptoms of Alzheimer’s

As outlined by the Alzheimer’s Association, they can include: [3]

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  • Memory loss
  • Inability to plan things or solve problems
  • Difficulty completing simple tasks
  • Getting confused about times, dates, and places
  • Inability to understand spatial relationships and visuals
  • New problems when it comes to speaking or writing
  • Forgetting where you put stuff and being unable to retrace steps
  • Increasingly poor judgement
  • Growing less and less social
  • Uncharacteristic changes in mood and personality

How About Dementia?

Not unlike Alzheimer’s disease, the most common form of dementia, general dementia is also a progressive syndrome that impairs your cognitive function. That is, your ability to think, reason, remember, and behave properly (if at all). Many of the symptoms actually overlap with those of Alzheimer’s disease. [1]

Growing by 10 million new cases per year, there are around 50 million people worldwide currently living with dementia… According to the World Health Organization, that’s a figure that we expect to hit 82,000,000 by 2030 and 152,000,000. [4]

Although these numbers are alarming, there are numerous ways to decrease your risk of development Alzheimer’s disease or other forms of dementia – naturally and otherwise. But the possibility of keeping the number of dementia cases to a minimum seems unlikely when so many people are on medications that can increase the likelihood of getting it…

Common Drugs Like Benadryl Linked to Increased Dementia Risk

In March 2015, researchers published a prospective cohort study in JAMA Internal Medicine called “Cumulative Use of Strong Anticholinergics and Incident Dementia.” The University of Washington and Seattle healthcare system, Group Health, conducted the long-term study which tracked 3,434 men and women who were aged 65 and up, and had no dementia when the study began. [5]

The team accessed every participant’s history of drug use for the previous decade, including both over-the-counter and prescription drugs. Over a 7-year timeline, they followed up with all the participants every two years, during which 797 participants developed dementia (637 of whom developed Alzheimer’s disease). [5]

As researchers looked back on what those 797 individuals took, anticholinergic drugs became the main suspect. The most common anticholinergics participants used were tricyclic antidepressants, first-generation antihistamines, and bladder antimuscarinics. Compared to those who didn’t take anticholinergic drugs, people who did for as little as three years were 54% more likely to develop dementia. [5]

What Are Anticholinergics?

Usually, these types of drugs are prescribed to treat problems including urinary incontinence, Parkinson’s disease, and chronic obstructive pulmonary disorder (COPD). Anticholinergic drugs’ main purpose is to block the actions and effects of acetylcholine, a neurotransmitter which causes muscles to contract, activates pain responses and regulates endocrine and REM sleep functions. [6]

It’s just a natural fact of life – as we age, our bodies’ ability to produce acetylcholine decreases. [7] Since the brain actually contains many acetylcholine-producing cells, as Harvard editor Beverly Merz highlights, “blocking its effects can deliver a double whammy to older people.” [8]

If you want to keep your head clear and brain functioning as highly as possible, steering clear of anticholinergic drugs seems ideal. However, it is important to recognize that the long-term study revealed only a small portion of drugs was interfering with cognitive function. So, please discuss with your doctor if you’re thinking of getting off any prescribed medications.

Experiencing Memory Loss? It’s Not Necessarily Alzheimer’s

There are reversible dementias that, although worrisome, people can treat and even overcome. Some of these problems might surprise you[9]

1) Delirium

Although this condition seems similar to dementia, the mental changes that occur in delirium happen within days in comparison to months or years. Another key distinction between these two problems is that with dementia, you maintain consciousness; with delirium, you don’t.

2) Depression

People with depression have likely experienced moments of forgetfulness and disorientation. A simple way to tell the difference between depression and dementia is looking at the timeline… Depressed people become depressed first and experience memory-related symptoms later, whereas people with dementia become depressed as a result of their declining cognitive function.

3) Vitamin B12 Deficiency

This crucial deficiency can lead to pernicious anemia, a rare condition associated with confusion, slowness, apathy, and irritability. If you suspect this is the case, see your doctor as soon as possible to make sure your body can even absorb vitamin B12 properly.

4) Thyroid Disease

Individuals with hypothyroidism will likely exhibit dementia-like symptoms. One of the best things you can do is get a thyroid hormone blood test to determine the best possible treatment.

5) Alcoholism

People who are alcoholic can suffer bouts of confusion and amnesia which can mimic the same experiences as someone with Alzheimer’s disease. Although alcoholism can deteriorate the ability to remember and orientate oneself, abstinence and overcoming addiction can help reverse dementia.

Think You Have a Memory Problem? This Is What You Should Do

Not all memory problems or moments of forgetfulness mean you have dementia! That alone should let you have a sigh of relief. But, if you or someone you think thinks a seemingly small memory problem is getting worse, there are a few things you can try.

First, make an appointment with your doctor and talk about your experience(s) right away. No matter the hold-ups you might have with doctors, they are our best source and can help point us in the right direction.

Second, get some blood tests done to make sure your dementia-like symptoms aren’t being caused by hormone imbalances or nutritional deficiencies such as vitamin B12. There might even be some prescription medications that could be causing your cognitive lapses. In that case, simply ask your doctor for more details about the medications you’re taking.

Third, examine your diet and lifestyle habits. This could look like cutting out sugar, eating healthy fats, and getting a bit more daily physical activity. It may be hard to make such habitual changes, but a perfect place to start is right here: 8-Step Alzheimer’s Prevention Plan to Stop Memory Loss Before It Starts.

Fourth, try incorporating natural supplements into your daily diet. These can include science-backed herbal remedies such as ashwagandha, turmeric, gingko biloba, and/or coconut oil!

That was a lot of information…

But, we hope that it answered any questions you may have had. Dementia is a terrible and incurable disorder that scientists, doctors, and people like you and us have all been affected by. With the growing number of cases each year, we need to do all we can to foster a healthy and protected brain. If everyone plays their part, maybe we can keep this heart-breaking health problem from growing.

 

Study: Common Types of Medications Linked to Increased Dementia Risk

 

 

Thehearth&soul

 

 

 

 

#Slower Walking Speed a #Lifelong #Indicator of Accelerated Aging

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Slow gait speed identified at age 45 correlates with accelerated physical and biological aging, according to data from a longitudinal study spanning five decades.

Line Jee Hartmann Rasmussen, PhD

“How fast people are walking in midlife tells us a lot about how much the body and brain have aged over time,” first author Line Jee Hartmann Rasmussen, PhD, Department of Psychology & Neuroscience, Duke University, Durham, North Carolina, told Medscape Medical News.

“But the most remarkable thing,” she said, “was that we could predict how fast they walked at midlife by a childhood assessment of their cognitive function at age 3. Poor neurocognitive function as early as age 3 and deteriorating cognitive function from childhood to age 45 correlated with slower midlife gait.”

This suggests gait speed is not only an indicator of aging, but also an indicator of lifelong brain health, with possible origins in childhood central nervous system (CNS) deficits, Rasmussen said.

The study was published online October 11 in JAMA Network Open.

Lifelong Indicator

The data come from 904 individuals from New Zealand who were followed for more than 40 years beginning at age 3 as part of the Dunedin Multidisciplinary Health and Development Study, a longitudinal investigation of health and behavior in a representative birth cohort.

At age 3, participants were assessed by a pediatric neurologist. They had standardized tests of intelligence, receptive language, and motor skills. In addition, each child’s emotional and behavioral regulation was rated. At ages 7, 9, and 11, they took the Wechsler Intelligence Scale for Children–Revised.

At ages 26, 32, 38, and 45, physiologic health was assessed, including measurements of body mass index, blood pressure, cardiorespiratory fitness, cholesterol, and other markers.

At age 45, gait speed was measured under three conditions: usual walking, maximum walking speed, and dual-task speed. The Wechsler Adult Intelligence Scale-IV test and balance and strength tests were also administered and brain MRI was obtained. Facial aging was also rated at age 45.

Average gait speeds at age 45 were 1.30 meters per second for usual gait, 1.99 m/sec for maximum gait, and 1.16 m/sec for dual-task gait.

Slower gait speed measured at age 45 was significantly associated with multiple physical indicators of accelerated aging, including poor balance and visual-motor coordination, weak strength, and older facial appearance.

Slower gait speed was also associated with several biological indicators of accelerated aging, including compromised brain integrity (reduced brain volume and cortical thickness).

In addition, lower IQ in midlife and evidence of cognitive decline from childhood to adulthood was also significantly associated with slower gait at age 45. Importantly, the researchers also note that adults with poor neurocognitive functioning at age 3 also had slower gait in midlife.

These findings “call for rethinking gait speed, from a geriatric index of functional decline to an index of the role of lifelong neurocognitive functioning in processes of aging,” the investigators write.

“Gait speed is something that has only been routinely used in geriatric medicine, so the notion of measuring walking speed in anyone under 65 is still highly unconventional, as the meaning and application in younger adults has been more unclear,” Rasmussen told Medscape Medical News.

“But these findings suggests that gait speed could be a valuable indicator of health and aging in midlife, and it’s possible that gait speed could be used as part of health check-ups, with slow gait speed being an indicator of potential health concerns,” she said.

A Valuable Signal

Commenting on the study in an accompanying editorial, Stephanie Studenski, MD, MPH, Division of Geriatric Medicine, University of Pittsburgh School of Medicine in Pennsylvania, says gait speed appears to be a “valuable signal of potential health concerns in midlife adults.”

Although the authors do not provide a clear-cut point for reduced gait speed, they do suggest that rates of aging, cognition, and brain health are most affected among persons in the lowest quintile of gait speed, Studenski notes.

For usual gait speed, using the authors’ data, she suggests a cut point of roughly 1.1 meters per second. “Certainly, as the authors suggest, midlife adults with slow gait speed are a potential target for interventions to prevent late-life disability and dementia,” she writes.

The implications for early childhood are less clear, Studenski says.

“We should not assume that poor results of cognitive testing in 3-year-old children in any way doom them to lifelong problems, but rather, look broadly at what might be contributing to poorer performance and explore strategies to ameliorate these contributors,” she concludes.

The study was supported by grants from the National Institute on Aging and from the UK Medical Research Council. The authors have disclosed no relevant financial relationships. Studenski has received personal fees from Merck.

JAMA Netw Open. Published online October 11, 2019. Full textEditorial

#Dormir pouco ou muito pode prejudicar a #saúde do coração

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criança vista de cima dormindo na cama

 

A privação do sono já foi relacionada anteriormente com maior quantidade de eventos cardiovasculares. Por isso, é recomendado um comportamento do sono saudável pela American Heart Association. O provável mecanismo do aumento do risco de eventos cardiovasculares é o desencadeamento de estado inflamatório, induzido por curtos períodos de sono, corroborado por marcadores inflamatórios aumentados no sangue de pessoas que dorme por curtos períodos.

A privação do sono também pode estar envolvida na gênese de arritmias, ainda que isso não esteja bem estabelecido.

 

Um estudo avaliou o sono de mais de 500 mil pessoas com idade entre 40 a 69 anos correlacionando com o risco de infarto agudo do miocárdio. Os pacientes foram identificados quando a quantidade de horas que dormiam por noite. Para os que dormiam pouco, foi definido um valor menor que 6 horas e, para os que dormiam muito, um valor maior que 9 horas por noite. O tempo médio de seguimento foi de 7 anos.

Os resultados mostraram que pacientes que dormiam pouco tinham um aumento do risco de infarto de 20% (RR: 1.20; 95% intervalo de confiança [IC]: 1.07 a 1.33) e, os que dormiam mais de 9 horas por noite tinham um risco aumentado em 34% (RR: 1.34; 95% IC: 1.13 a 1.58).

O estudo ainda concluiu que, com 1 hora a mais de sono, nas pessoas que dormiam pouco, seria capaz de reduzir esse risco de infarto em 20%.

Retirado do artigo: Daghlas I, Dashti HS, Lane J, et al. Sleep Duration and Myocardial Infarction. J Am Coll Cardiol 2019; 74:1304.

Portanto, devemos concluir que dormir tempo suficiente deve fazer parte das recomendações médicas para prevenção de infarto do miocárdio e doenças cardiovasculares.

Autor: 

Gabriel Quintino Lopes
Gabriel Quintino Lopes

Sou especialista em clínica médica e atualmente estou cursando o último ano de cardiologia no Instituto Estadual de Cardiologia Aloysio de Castro (IECAC). Completei minha graduação em Medicina em 2012 pela Unigranrio. Trabalho nos CTI dos Cer Leblon e na unidade Cardiointensiva do hospital São Lucas.

Referências:

#La #apatía, indicador de progresión de la #enfermedad de Huntington

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Los subtipos de apatía (de autoactivación, cognitiva y emocional) pueden marcar la evolución de ciertas enfermedades neurodegenerativas y, en concreto, del Huntington.

Resonancia magnética cerebral.

Un equipo multidisciplinar del grupo de cognición y plasticidad cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona (UBNeuro) ha dirigido un estudio que correlaciona diferentes subtipos de apatía, uno de los síndromes psiquiátricos más comunes en ciertas enfermedades neurodegenerativas, con modificaciones en la conectividad de la materia blanca cerebral en la enfermedad de Huntington. Esos resultados plantean la posibilidad utilizar la apatía, en sus diferentes tipos, como un marcador de progresión de esta enfermedad. Los hallazgos, publicados en NeuroImage: Clinical, también abren una puerta al tratamiento personalizado de la apatía como síndrome multidimensional en otros trastornos neurodegenerativos.

En estudios previos, el síntoma de la apatía ya se había relacionado con la progresión de la enfermedad de Huntington. Ahora, la investigación que propone el grupo del Idibell-UBNeuro además de confirmar esa asociación, correlaciona diferentes subtipos de apatía con la neurodegeneración de los tractos de sustancia blanca (corticoestriatales). Los investigadores han desentrañado esa conectividad mediante un estudio de difusión cerebral por resonancia magnética.

Estela Càmara, científica del Idibell.

En palabras de la autora principal, Estela Càmara, del Idibell, “”nuestro objetivo era estudiar la apatía como un síndrome multidimensional y explorar, por primera vez, la relación entre los diferentes subtipos de apatía y la conectividad de la materia blanca en la enfermedad de Huntington”.

La falta de interés y de motivación generalizada sería el punto de partida para definir la apatía, pero es un síndrome mucho más complejo que se puede asociar a tres dominios: déficit de autoactivación  (“Necesito un empujón para empezar las cosas”), cognitivo (“Me parece difícil plantear objetivos de futuro”) y emocional (“Siento indiferencia por problemas que antes me interesaban”). “Cada uno de esos subtipos se correlaciona en esta investigación con la neurodegeneración observada mediante un estudio de difusión”, explica a DM Cámara.

Los síntomas cognitivos y psiquiátricos son propios de la tradicionalmente llamada fase presintomática, definida como el periodo anterior a la aparición de los  síntomas motores. No obstante, los pacientes presentan apatía en esa fase presintomática; “mostramos que los déficits de autoactivación son algunos de esos síntomas previos a los motores que muestran los pacientes con Huntington”. Probablemente, los síntomas de apatía que primero se presentan atañen al déficit de autoactivación, para dar paso a los cognitivos, seguidos de los emocionales. En general, resume la investigadora, se puede afirmar que “a medida que la apatía avanza, la enfermedad también lo hace”.

La relación es muy relevante para corroborar la naturaleza progresiva de la apatía como biomarcador en Huntington y su potencial para captar la progresión de la neurodegeneración, concluye Càmara. Estos resultados tienen también implicaciones en un diagnóstico diferencial de subtipos de apatía y, posteriormente, en el diseño de tratamientos farmacológicos más individualizados.

En total, han estudiado a 46 pacientes con la enfermedad de Huntington y 35 controles sanos, que se sometieron a una evaluación psiquiátrica de la apatía en sus tres dominios, además de a varias pruebas de imagen, para determinar si las diferencias individuales en tractos corticoestriatales específicos predecían la apatía global y sus subdominios.

En el estudio han participado también varios hospitales de Barcelona, (Bellvitge, Santa Creu i Sant PauClínic y Mare de Déu de la Mercè). “Todos ellos han compartido un único protocolo de imagen, lo que nos ha permitido tener esta base de pacientes tan detallada”, valora Càmara, destacando la importancia de este tipo de trabajos multicéntricos en el estudio de enfermedades minoritarias como la de Huntington.

#Comorbidité du diabète, #l’insuffisance cardiaque menace davantage les femmes que les hommes

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Jean-Louis SCHLIENGER, Strasbourg

L’insuffisance cardiaque (IC) est une comorbidité fréquente au cours du diabète. Elle s’est hissée à la deuxième place des affections cardiovasculaires derrière l’HTA et devant l’infarctus du myocarde ou l’AVC. Sa prévalence est de 12 à 57 % chez les sujets diabétiques alors que celle du DT2 est de 4,4 à 28 % chez les insuffisants cardiaques. Ses conditions de survenue sont encore assez mal connues et de nombreuses questions restent en suspens dont celle ayant trait au niveau de risque d’IC selon le genre. Le risque est-il plus marqué chez les femmes que chez les hommes comme c’est le cas pour les affections coronariennes, les AVC, le cancer ou la démence ?

C’est à cette question que les auteurs ont voulu répondre au moyen d’une métaanalyse et revue systématique regroupant des études de population mixte afin d’éviter les biais de sélection. Les 2 études concernant le diabète de type 1 incluaient près de 3 millions de sujets ayant présenté 95 129 manifestations d’insuffisance cardiaque. Les 13 études concernant le DT2 reprenaient les données de 47 cohortes avec près de 12 millions de sujets et 249 560 événements. Dans le DT1 le risque relatif (RR) d’insuffisance cardiaque est de 5,15 chez les femmes et de 3,47 chez les hommes avec un ratio de sur-risque (RRR) de 1,47 (p = 0,003) en faveur des femmes. Dans le DT2, le RR est de 1,95 chez les femmes et de 1,74 chez les hommes avec un RRR de 1,09 (p < 0,001). Les analyses en sous-groupe ne montrent pas d’effet régional ou temporel, de la date de constatation du diabète, du critère de jugement principal de l’étude ou de la méthodologie des études. Après un ajustement multivarié le RRR femmes/hommes est de 1,17 (p = 0,02) et de 1,19 (p = 0,005) après ajustement sur l’âge. Il existe cependant une grande hétérogénéité entre les études qui ne permet pas d’écarter un effet dû au hasard.

Cette métaanalyse d’envergure ne portant que sur des études ayant exploré à la fois des diabétiques des 2 sexes montre que dans le DT1 comme dans le DT2 le risque d’insuffisance cardiaque est plus élevé chez les femmes que chez les hommes : 47 % dans le DT1 et 9 % dans le DT2. Ces résultats sont cohérents avec ceux d’études préalables ayant dénoncé l’existence d’un sur-risque des complications diabétiques chez les femmes. Plusieurs hypothèses peuvent expliquer le sur-risque d’IC chez les femmes diabétiques. La première est que l’IC est la conséquence d’une pathologie cardiovasculaire dont il a été montré qu’elle est plus fréquente chez les femmes mais plus souvent méconnue et traitée plus tardivement que chez les hommes. L’existence d’un équilibre glycémique plus médiocre chez les femmes pourrait favoriser le développement d’une cardiomyopathie métabolique. Une méconnaissance du diabète plus fréquente que chez les hommes a également été invoquée. Enfin, on ne peut totalement exclure que la différence liée au genre est la conséquence d’un artéfact mathématique dû au fait que le risque absolu d’IC est relativement plus faible chez les femmes que chez les hommes dans la population générale, cette différence persistant lors du diabète.

La raison de la différence du RR selon le genre observée dans le DT1 et le DT2 n’est pas connue mais pourrait résulter d’un déséquilibre de la relation diabète/maladies cardiovasculaires lié au sexe. De fait, il existe une différence du RRR femme/homme plus marquée pour les pathologies cardiovasculaires incidentes dans le DT1 que dans le DT2. Toutefois, les résultats concernant le DT1 ne reposent que sur 2 études. Cette métaanalyse a, bien sûr, des limites en dépit de son ampleur. Elle ne comprend que des études portant sur les 2 sexes et est fondée sur des études hétérogènes. Des facteurs de confusion non explorés ne peuvent être écartés. De plus, le risque de mortalité prématurée n’a pas fait l’objet d’un ajustement alors qu’il est plus élevé chez les hommes que chez les femmes diabétiques avec pour conséquence implicite de ne pas laisser aux hommes le temps d’exprimer une IC.

En conclusion, l’excès de risque d’IC est plus élevé chez les femmes que chez les hommes diabétiques. Ce constat n’est pas anecdotique et justifie l’élaboration d’une stratégie intensive de prévention et de traitement aussi bien chez les femmes que chez les hommes. La cause du sur-risque d’IC chez les femmes reste à élucider.


Publié par Diabétologie Pratique

Références

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Ohkuma T et al. Diabetes as a risk factor for heart failure in women and men: a systematic review and meta-analysis of 47 cohorts including 12 million individuals. Diabetologia 2019 ; 62 : 1550-60. Rechercher l’abstract