-

Terapia Intensiva

#Las #células madre de la grasa reducen en un 75% la #inflamación pulmonar por #Covid-19

Postado em

La terapia celular ofrece una respuesta antiinflamatoria pulmonar inmediata en pacientes críticos por la Covid-19.

Bolsa de plasma preparada para su uso clínico.
La terapia celular se ensaya mundialmente contra la Covid-19.

Equipos de los hospitales Fundación Jiménez Díaz y Gregorio Marañón, en Madrid, el Clínico Universitario de Salamanca y la Clínica Universidad de Navarra (CUN), en Pamplona, acaban de publicar los resultados de un programa de uso compasivo de terapia celular con células madre procedentes del tejido adiposo para el tratamiento de pacientes críticos, ingresados en UCI por neumonía, por la  Covid-19 en la que se ha observado que en el 75% de los pacientes tratados con esta estrategia la gran inflamación originada por el SARS-CoV-2 disminuyó y aumentó la actividad de su sistema inmunitario.

“En los tratados, la terapia celular originó una respuesta antiinflamatoria inmediata tras la inyección intravenosa en arteria pulmonar; se evidenció una “acción-reacción”, indica a DM Damián García Olmo, jefe de Departamento de Cirugía General y del Aparato Digestivo de la Fundación Jiménez Díaz, quien –como ya adelantó este periódico-, lleva a cabo, junto con el profesor Bernat Soria otro ensayo sobre terapia celular en Covid.

La estrategia se ha realizado mediante un programa de uso compasivo, autorizado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y los resultados se  acaban de publicar en EClinicalMedicine, del grupo de The Lancet. Actualmente, hay en marcha 50 ensayos clínicos en el mundo con terapia celular para Covid-19, 6 de ellos en España, siguiendo la estela del que se acaba de publicar, y en los que se plantean la utilización de diversas fuentes de células madre como la medula ósea, la grasa o la placenta.

La investigación ha evaluado la tolerabilidad y seguridad de la administración a los pacientes de células madre mesenquimales derivadas del tejido adiposo. “Otro de los puntos comúnes en todos los pacientes es que no se han observado efectos indeseables en el pulmón tras la administración intravenosa en arteria pulmonar, hecho que no se había realizado anteriormente con este tipo de terapia celular. La seguridad se ha confirmado, ya que no empeora la situación de los enfermos”, explica García Olmo.

Antiinflamatorias e inmunomoduladoras

Las células madre mesenquimales, conocidas como células multipotentes, pueden diferenciarse en diversos tipos celulares manteniendo una alta capacidad de renovación. Las procedentes de las células del tejido adiposo, los adipocitos, tienen efectos antiinflamatorios e inmunomoduladores, son de fácil acceso y presentan una gran capacidad de expandirse – también en el laboratorio- durante periodos de tiempo largos sin perder sus características.

“La terapia avanzada con células madre mesenquimales ya está aprobada para algunas enfermedades inflamatorias. A su vez, existe evidencia preclínica de que la administración intravenosa de esta terapia celular en modelos de infección respiratoria causada por virus reduce el daño pulmonar. Por este motivo, junto con el hecho del papel de la inflamación en la patogenia del daño pulmonar asociado al SARS-CoV-2, pensamos que podría ser una opción beneficiosa para los pacientes graves de Covid-19”, considera Felipe Prósper, investigador senior del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA,) director del Área de Terapia Celular y co-director del Servicio de Hematología y Hemoterapia de la Clínica Universidad de Navarra.

La administración intravenosa de esta terapia celular en modelos de infección respiratoria vírica reduce el daño pulmonar, según evidencia preclínica

Este programa de uso compasivo presenta los datos de un abordaje en el que, por primera vez, se ha tratado con células madre mesenquimales a 13 pacientes críticos por Covid-19 sometidos a ventilación mecánica. Según Francisco Fernández-Avilés, jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón, “todos los afectados se encontraban en estado crítico y habían recibido tratamiento previo con antivirales y antiinflamatorios, protocolo terapéutico empleado  hasta el momento para combatir la enfermedad”.

El ensayo ha consistido en la administración a los pacientes de entre una y tres dosis de estas células procedentes de donantes sanos, tratadas y almacenadas en las  unidades de Producción Celular  de los centros hospitalariso. “Dos semanas después de la primera dosis, 9 pacientes mejoraron su condición clínica y 7 estaban ya extubados y fuera de la UCI. En ningún caso observamos efectos adversos relacionados con el tratamiento”, subraya Fermín Sánchez Guijo, hematólogo responsable del Área de Terapia Celular del Hospital Universitario de Salamanca y del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), y primer firmante del trabajo.

En esta serie preliminar de casos, los investigadores observaron una mejoría generalizada de los parámetros de ventilación, radiológicos y biológicos de los pacientes asociados a esta terapia celular. Sin embargo, y aunque los resultados obtenidos en este primer estudio abren la vía para seguir avanzando,  los especialistas consideran que los datos sobre eficacia en pacientes con neumonía por Covid-19, deben sustentarse en ensayos clínicos, que son los que verdaderamente demuestran resultados sólidos.

“Hay que tener en cuenta que las respuestas obtenidas, aunque muy relevantes, son de compleja valoración y cuantificación porque los pacientes con neumonía grave por Covid muestran una gran variabilidad. Por ello, los ensayos clínicos son totalmente necesarios”, considera García Olmo.

En estos momentos, la estrategia ya cuenta con la aprobación de AEMPS para la realización del ensayo clínico fase 2 cuyo objetivo será demostrar la eficacia del tratamiento frente a la terapia estándar.

Los pacientes han sido tratados únicamente en los cuatro centros mencionados, pero se trata de un trabajo muticéntrico en el que han colaborado investigadores del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, la Universidad Complutense de Madrid, el Hospital General Universitario de Alicante y los centros de investigación CIMA Universidad de Navarra y el Instituto de Bioingeniería Universidad Miguel Hernández, pertenecientes a Red Nacional de Terapia Celular (TerCel), al Ciber de Enfermedades Respiratorias (CiberRES) y Cardiovasculares (CiberCV).

#Arritmias na #Covid-19

Postado em

Monitor cardíaco em paciente com Covid-19 e risco de arritmia

A pandemia pelo SARS-COV-2 assolou o mundo e trouxe diversos novos conhecimentos e desconhecimentos para a comunidade científica. Na parte cardiológica, a Covid-19 mostrou injúria miocárdica coincidindo com maior gravidade, além da possibilidade de descompensações de doenças crônicas previamente estabilizadas, aumento de morte súbita em domicílio e menor procura na emergência por quadro como infarto agudo do miocárdio. As arritmias cardíacas também estiveram presentes no quadro infecciosos em graus variáveis, entretanto os dados são pobres, não identificando os tipos de arritmia, por exemplo.

 

Estudo sobre arritmias em pacientes com Covid-19

Um estudo realizado no Hospital of the University of Pennsylvania avaliou 700 pacientes com Covid-19 confirmados por swab e reação em cadeia da polimerase (PCR) durante um período de 9 semanas. A população estudada tinha em média 50 anos de idade, 45% eram homens e 71% eram negros. Destes 79 (11%) pacientes foram admitidos em unidades de terapia intensiva com uma mortalidade de 23%. Os demais 621 pacientes que permaneceram em enfermarias mostraram uma mortalidade de 2%.

Diversas patologias como doenças cardiovasculares, DPOC, diabetes, apneia obstrutiva do sono, entre outras foram avaliadas, e exames laboratoriais coletados. Os desfechos foram morte, além da avaliação das arritmias apresentadas. Para isso diversos registros foram analisados. Pacientes com história de FA prévia foram excluídos da análise de fibrilação atrial.

Características médicas dos pacientes

Os pacientes admitidos na unidade de terapia intensiva eram mais velhos, com maior tendência a doenças cardiovasculares, diabetes, DPOC e doença renal. Além disso apresentaram mais alterações laboratoriais (troponina, BNP, D-dímero) e receberam mais hidroxicloroquina e remdesivir. Apenas 6% dos pacientes apresentaram história prévia de fibrilação atrial e 3% possuíam dispositivos cardíacos implantáveis.

 

No total foram 53 pacientes com arritmia, sendo que 9 tiveram parada cardíaca, 6 deles em atividade elétrica sem pulso, 2 em assistolia e apenas 1 em torsades de pointes. Houve 25 casos de FA, 9 casos de bradiarritmia sintomática e 10 de taquicardia ventricular não sustentada. Um fator de risco para o desenvolvimento de arritmias era a admissão em unidade de terapia intensiva com risco elevado em 10 vezes.

Limitações

O estudo apresentou diversas limitações, como por exemplo o fato de ter sido realizado em um único centro, não podendo ser refletido mundialmente, além disso a falta de monitorização de pacientes internados em unidades fora da terapia intensiva pode ter subestimado a ocorrência de arritmia nessa população.

 

Conclusão sobre relação entre arritmias e Covid-19

Por fim os pesquisadores concluíram que a incidência de arritmias estava mais ligada a gravidade do quadro e não somente a infecção pelo vírus.

Autor(a):

Gabriel Quintino Lopes

Sou médico clínico geral e cardiologista, atualmente atuando na área de terapia intensiva, ambulatorial, assistência em enfermaria e coordenação médica. Trabalho no Hospitais Santa Casa em Barra Mansa e na Unidade Cardiointensiva do Hospital São Lucas em Copacabana.

Referências bibliográficas:

  • Bhatla A, Mayer MM, Adusumalli S, Hyman MC, Oh E, Tierney A, Moss J, Chahal AA, Anesi G, Denduluri S, Domenico CM, Arkles J, Abella BS, Bullinga JR, Callans DJ, Dixit S, Epstein AE, Frankel DS, Garcia FC, Kumareswaram R, Nazarian S, Riley MP, Santangeli P, Schaller RD, Supple GE, Lin D, Marchlinski F, Deo R, COVID-19 and Cardiac Arrhythmias, Heart Rhythm (2020), doi: https://doi.org/10.1016/j.hrthm.2020.06.016.

#La #endotelitis ‘orquesta’ las formas más graves de la #Covid-19

Postado em Atualizado em

Estudian si el fármaco defibrotide, un protector del endotelio, puede reducir la mortalidad por coronavirus grave.

arteria renal
La inflamación del endotelio se investiga por su papel clave en la Covid-19 grave.

La evidencia científica está dando la razón a la hipótesis de la implicación del daño vascular, y más concretamente, del endotelio en las formas graves, y mortales, de la Covid-19. Casi a primera vista, el vínculo entre las células endoteliales y la nueva enfermedad es apreciable en los grupos de riesgo: mayores y personas con obesidad, hipertensión y diabetes, todos ellos factores que “se caracterizan por una disfunción vascular preexistente con un metabolismo alterado de las células endoteliales”, apuntaban en Nature Reviews Immunology un grupo de médicos del Laboratorio de Angiogénesis y Metabolismo en el Instituto del Cáncer de Lovaina (Bélgica).

Pero la hipótesis se confirma además en las autopsias y biopsias publicadas, que coinciden en sus hallazgos de endotelitis, rotura de la barrera endotelial y microtrombos en diferentes órganos afectados por el coronavirus. Parece que la endotelitis es una “marca de la casa” del coronavirus SARS-CoV-2, a diferencia de lo que ocurre cuando el distres respiratorio fatal aparece por el virus de la gripe, como apuntaba en The New England Journal of Medicine, un grupo de patólogos encabezado por Maximilian Ackermann, del Helios Hospital Universitario Wuppertal, en Alemania.

#COVID-19: expertos advierten sobre #trauma psicológico por la #disnea grave

Postado em

 

El trauma psicológico que puede resultar de la sensación de disnea grave en pacientes con COVID-19 que reciben ventilación mecánica con ajustes para proteger el pulmón es un problema urgente que requiere tomarse más en cuenta, así como tratamiento apropiado, dicen tres médicos especialistas en cuidados intensivos.[1]

“Con la probabilidad de que cientos de miles de pacientes con disnea en el mundo durante la pandemia necesiten ventilación mecánica con bajo volumen corriente, nos preocupa el potencial de trauma psicológico masivo en los sobrevivientes, inducido por la disnea grave no tratada”, afirmaron los médicos, dirigidos por el primer autor, Dr. Richard Schwartzstein, jefe de la Secciónde Medicina Pulmonar, Cuidados Intensivos y Sueño en el Beth Israel Deaconess Medical Center y la Harvard Medical School.

“Durante esta crisis recomendamos a los médicos que proporcionan cuidados intensivos que presten atención a la posibilidad de disnea extrema en pacientes con COVID-19 que reciben ventilación mecánica y presentan síndrome de insuficiencia respiratoria aguda, y que tengan en cuenta los beneficios farmacológicos documentados de los opiáceos en su tratamiento”, añadieron.

El artículo de perspectiva fue publicado el 5 de junio en la versión electrónica de Annals of the American Thoracic Society.

Disnea grave

Estudios recientes indican que la gran mayoría de los pacientes hospitalizados en la unidad de cuidados intensivos con COVID-19 tiene disnea grave antes de la intubación y la ventilación mecánica. La estrategia recomendada para la ventilación en estos pacientes es limitar el volumen corriente (el volumen de sus respiraciones), pues las respiraciones de gran volumen pueden dañar los pulmones.

Sin embargo, esta también es una receta para la disnea grave,  término que los autores denominan la forma más molesta de disnea, y puede dar lugar a problemas emocionales y psiquiátricos, tales como trastorno por estrés postraumático en sobrevivientes de síndrome de insuficiencia respiratoria aguda, comentó el Dr. Schwartzstein a Medscape Noticias Médicas.

“No podemos demostrar a este momento que las dos cosas estén vinculadas, pero es plausible una asociación entre el trauma de tener disnea muy grave y no poder hacer gran cosa al respecto y desarrollar estos problemas”, destacó.

“Anecdóticamente, al hablar a los pacientes que han estado en insuficiencia respiratoria y con ventilación mecánica, muchos de ellos recuerdan una sensación asfixiante que es atemorizante, y refieren que les invade el miedo”, añadió.

Con el advenimiento del bloqueo neuromuscular para inducir parálisis en pacientes con ventilación mecánica, “nos preocupa incluso más este problema porque no podemos hacer ninguna evaluación para determinar si el paciente tiene o no tiene disnea”, agregó el Dr. Schwartzstein.

También afirmó que persiste una noción errónea de que la relajación muscular reduce la disnea. “Ahora sabemos que el bloqueo neuromuscular no la disminuye. La mayor parte de los sedantes tampoco la alivian”, indicó.

No obstante, el problema de la disnea es controlable. Sin embargo, el primer paso es reconocerla.

“Médicos que tratan el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda debido a COVID-19, algunos de los cuales pueden no estar acostumbrados a tratar pacientes con insuficiencia respiratoria, primero deben tomar en cuenta el problema y luego considerar los medios para mitigar la disnea grave”, destacó el Dr. Schwartzstein.

En cuanto al tratamiento, los opiáceos son “los fármacos más fiables para el alivio sintomático de la disnea; parecen actuar deprimiendo el estímulo ventilatorio y aumentando las vías perceptivas, como en el caso del dolor”, señalaron los autores.

Varios estudios han demostrado que la morfina, incluso en dosis bajas, alivia la disnea. “En nuestro hospital, administramos una buena dosis saludable de opiáceos como parte del protocolo de sedación”, añadió el Dr. Schwartzstein.

Mitigando el trauma psicológico en sobrevivientes

Medscape Noticias Médicas se puso en contacto con expertos en psiquiatría y cuidados intensivos para un comentario sobre este tema.

El Dr. O. Joseph Bienvenu, Ph. D., profesor adjunto, de psiquiatría y ciencias de la conducta, de la Johns Hopkins University School of Medicine, en Baltimore, Estados Unidos, dijo que este es un problema que surge para los psiquiatras de enlace con la consulta.

“Las enfermedades graves y los tratamientos necesarios para mantener vivos a los pacientes son enormes factores estresantes y la morbilidad psiquiátrica es común después del tratamiento en la unidad de cuidados intensivos”, manifestó a Medscape Noticias Médicas.

Los estudios de investigación indican que alrededor de 40% de los sobrevivientes tiene síntomas de ansiedad clínicamente importantes; 30% presenta síntomas depresivos clínicamente importantes, y 20% tiene síntomas de trastorno por estrés postraumático clínicamente importantes después de una permanencia en la unidad de cuidados intensivos.

“El recuerdo de sentirse con disnea durante la enfermedad grave se asocia a síntomas de trastorno por estrés postraumático en sobrevivientes. Hay formas de aminorar el riesgo de trauma psicológico después de una estancia en la unidad de cuidados intensivos, pero esto todavía no se ha dilucidado bien y no todos los expertos están de acuerdo”, destacó el Dr. Bienvenu.

El especialista es partidario de los diarios de la unidad de cuidados intensivos escritos a pacientes con enfermedades muy graves por el personal clínico y los familiares, para ayudar a aquellos a comprender cuán grave estaban, qué procedimientos y tratamiento recibieron y por qué algunos de estos recuerdos pueden ser de cosas que no ocurrieron, o al menos no ocurrieron como lo recuerdan.

“Estos diarios abordan un problema importante en pacientes muy graves internados en cuidados intensivos, el delirium,  que puede asociarse a alucinaciones, percepciones erróneas/delirios, y experiencias terribles parecidas a pesadillas que todavía parecen muy reales por mucho tiempo después del alta”, dijo el Dr. Bienvenu.

También respalda los programas de seguimiento después de la permanencia en la unidad de cuidados intensivos, sean en vivo o virtuales, que abordan la recuperación psicológica junto con la recuperación/adaptación física y cognitiva y grupos de apoyo para pacientes y familiares después del alta de la unidad de cuidados intensivos.

Acto de equilibrio

Dos médicos de cuidados intensivos también opinan.

La Dra. Mirna Mohanraj, directora de programa de la Residencia de Medicina Pulmonar y Cuidados Intensivos en Mount Sinai Morningside Hospital en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, dijo que reconoce los “conceptos e inquietudes” planteados en el artículo de perspectiva.

Al igual que el Dr. Schwartzstein, la Dra. Mohanraj señaló que la sedación intensa y el bloqueo neuromuscular para lograr una ventilación segura y eficaz puede dificultar la evaluación de la sensación de disnea intensa de un paciente.

Hizo notar que en Mount Sinai Morningside, los pacientes con COVID-19 con síndrome de insuficiencia respiratoria aguda grave a menudo necesitaban mucha más analgesia, sedantes y relajantes musculares que los pacientes con síndrome de insuficiencia respiratoria aguda típico.

“Nos intrigó encontrar pacientes que necesitaban dosis notablemente elevadas de infusiones de opiáceo y benzodiacepina además del bloqueo neuromuscular. Los efectos antidisnea de los opiáceos están bien descritos; con las altas tasas observadas, se supondría que la sensación de disnea intensa se amortiguaría o eliminaría efectivamente”, manifestó la Dra. Mohanraj a Medscape Noticias Médicas.

La Dra. Mohanraj estuvo de acuerdo en que los opiáceos en el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda por COVID-19 pueden ser útiles de varias formas, inclusive en el tratamiento de la disnea.

Sin embargo, añadió, “se ha de tener cautela en administrar la cantidad mínima de tratamientos con analgésicos, sedantes, amnésicos y relajantes musculares necesarios para controlar efectivamente los síntomas de dolor y disnea y también lograr la ventilación segura a fin de mejorar la sobrevida”, dijo.

“La utilización excesiva de sedantes y analgésicos también puede contribuir de manera negativa a la neuromiopatía postsíndrome de insuficiencia respiratoria aguda, el delirio de la unidad de cuidados intensivos y la disfunción cognitiva subsiguiente al síndrome de insuficiencia respiratoria aguda”, destacó la Dra. Mohanraj.

Respalda “fuertemente incluir a los sobrevivientes de COVID-19 en estudios formales de síndrome posUCI para comprender mejor si el empleo de opiáceos dará lugar a una frecuencia más baja de trastorno por estrés postraumático”.

Más allá de COVID-19

El Dr. Craig Jabaley, profesor adjunto de anestesiología, de la Emory University School of Medicine, en Atlanta, Estados Unidos, y miembro de la Society of Critical Care Medicine, señaló que la disnea es “un problema importante para todos los pacientes muy graves con insuficiencia respiratoria grave, sea por COVID-19 o cualquier otra causa”.

El estrés psicológico que resulta de la enfermedad grave por cualquier causa se ha asociado a efectos adversos a largo plazo, y las medidas para mitigar esto han sido una investigación y el interés clínico de los especialistas en cuidados intensivos por varias décadas.

“Como señalan los autores, el conocimiento de la atención a los adultos con enfermedades muy graves es muy importante para el reconocimiento y tratamiento de cualesquiera desafíos clínicos asociados con enfermedades graves, incluida la disnea”, agregó el Dr. Jabaley.

“Desde el punto de vista de la Society of Critical Care Medicine, el desarrollo y la defensa de modelos de dotación de personal multidisciplinario de diversos niveles han sido centrales para la preparación y los esfuerzos de respuesta ante la pandemia a fin de garantizar la disponibilidad de profesionales capacitados para satisfacer el aumento de la demanda de cuidados intensivos”, comentó a Medscape Noticias Médicas.

El Dr. Jabaley añadió que mitigar la disnea, en particular, implica el reconocimiento del problema por profesionales capacitados; la optimización de las estrategias de ventilación mecánica por el equipo de cuidados intensivos multidisciplinarios; y las estrategias de sedación apropiada como las descritas en las “Guías de Práctica Clínica 2018 de la SCCM para Prevención y Tratamiento del Dolor, Agitación y Sedación, Delirio, Inmovilidad y Trastorno del Sueño en Pacientes Adultos de la unidad de cuidados intensivos”.[2]

#Covid-19: un fármaco “barato y de fácil acceso” reduce el riesgo de muerte en pacientes con #ventilación asistida

Postado em

Se trata de la dexametasona, un tratamiento a base de esteroides que, según los investigadores, es “un gran avance”

Este fármaco reduciría en un tercio el riesgo de muerte de aquellos pacientes que se encuentran enchufados a ventiladores.
Este fármaco reduciría en un tercio el riesgo de muerte de aquellos pacientes que se encuentran enchufados a ventiladores.

Un fármaco barato y de fácil acceso en todo el mundo llamado dexametasona puede ayudar a salvar vidas de pacientes que se encuentran graves a causa del coronavirus, según un estudio de la Universidad de Oxford divulgado este martes.

El equipo investigador cree que el tratamiento a base de dosis bajas de esteroides supone un gran avance en la lucha contra la Covid-19, al reducir el riesgo de muerte en un tercio de aquellos pacientes que se encuentran enchufados a ventiladores.

En cuanto a los que precisan de una abordaje de la enfermedad con oxígeno, el citado fármaco reduce las muertes en una quinta parte, de acuerdo con estos hallazgos.

Esta medicina es una de las que se están empleando en el considerado mayor ensayo clínico del mundo, donde se experimenta con tratamientos existentes para otros males con el objetivo de ver si también funcionan para combatir el coronavirus.

5.000 vidas

Según estimaciones de los investigadores, si ese fármaco hubiera estado disponible en este país desde el principio de la pandemia, se habrían podido salvar hasta 5.000 vidas.

Además, debido a su bajo coste, consideran que podría ser muy beneficioso en los países pobres que afrontan grandes números de enfermos de COVID-19.

Aproximadamente 19 de cada 20 pacientes que se infectan de coronavirus mejoran sin tener que ser hospitalizados, recuerda el estudio.

De aquellos que han de ser ingresados en un centro médico, la mayoría también experimenta una mejoría, si bien algunos podrían necesitar oxígeno o ventilación mecánica. Estos últimos, según el estudio, son los considerados pacientes de alto riesgo a los que la dexametasona parece ayudar.

Ese fármaco se emplea ya para reducir inflamaciones en el caso de otras condiciones médicas y ayuda, al parecer, a detener parte del daño que se origina cuando el sistema inmunológico se sobreactiva mientras intenta luchar contra el coronavirus.

“Reduce la mortalidad”

En este ensayo clínico participaron unos 2.000 pacientes de hospitales, a los que se administró la medicina y su evolución se comparó con otros 4.000 enfermos a los que no se les prescribió.

Para aquellos pacientes conectados a ventiladores mecánicos, la dexametasona redujo el riesgo de muerte de un 40 a un 28%, al tiempo que en el caso de los enfermos que precisaron de oxígeno, el tratamiento redujo el riesgo mortal de un 25 a un 20%.

“Este es el único fármaco hasta la fecha que ha mostrado que reduce la mortalidad y la reduce de manera significativa. Es un gran avance“, afirmó el investigador principal del estudio, Peter Horby.

Para Martin Landray, otro de los científicos involucrados, los hallazgos sugieren que de cada ocho pacientes tratados que precisan de respiración asistida por ventiladores mecánicos, se podría salvar una vida.

En cuanto a los que necesitan abordaje con oxígeno, se salva una vida de cada 20-25, agregó.

“Hay un claro beneficio. El tratamiento consta de 10 días de dexametasona y cuesta unas 5 libras (5,5 euros/6,2 dólares) por paciente. Así que esencialmente cuesta 35 libras (38 euros/43 dólares) salvar una vida. Es un fármaco que está disponible en todo el globo”, remarcó Landray.

Según el experimento, la dexametasona no parece ayudar a personas que presentan síntomas leves de coronavirus -aquellos que no necesitan asistencia para respirar-.

El ensayo lleva funcionando desde el pasado marzo y en esas pruebas se ha incluido también el producto empleado para tratar la Malaria, la hidroxicloroquina, que ahora ha sido desechado ante el temor de que incremente el número de muertes y dé problemas coronarios.

Otro denominado remdesivir, un tratamiento antiviral que parece acortar el periodo de recuperación en pacientes con Covid-19, ya está disponible en el servicio público de salud de este país.

#COVID-19-Related #Inflammatory Condition More Common in #Black Kids in Small Study

Postado em Atualizado em

More evidence has linked the Kawasaki-like multisystem inflammatory syndrome in children to COVID-19 and suggests that black children have a greater risk of the condition, according to a study published in the BMJ.

A small observational study in Paris found more than half of the 21 children who were admitted for the condition at the city’s pediatric hospital for COVID-19 patients were of African ancestry.

“The observation of a higher proportion of patients of African ancestry is consistent with recent findings, suggesting an effect of either social and living conditions or genetic susceptibility,” wrote Julie Toubiana, MD, PhD, of the University of Paris and the Pasteur Institute, and colleagues.

The findings did not surprise Edward M. Behrens, MD, chief of the division of rheumatology at Children’s Hospital of Philadelphia, whose institution has seen similar disparities that he attributes to social disadvantages.

“Infection rate will be higher in vulnerable populations that are less able to socially distance, have disproportionate numbers of essential workers, and have less access to health care and other resources,” Dr. Behrens said in an interview. “While there may be a role for genetics, environment – including social disparities – is almost certainly playing a role.”

Although the study’s small size is a limitation, he said, “the features described seem to mirror the experience of our center and what has been discussed more broadly amongst U.S. physicians.”

Byron Whyte, MD, a pediatrician in private practice in southeast Washington, found the differences in race interesting, but said the study was too small to draw any conclusions or generalize to the United States. But social disparities related to race are likely similar in France as they are in the United States, he said.

The prospective observational study assessed the clinical and demographic characteristics of all patients under age 18 who met the criteria for Kawasaki disease and were admitted between April 27 and May 20 to the Necker Hospital for Sick Children in Paris.

The 21 children had an average age of 8 years (ranging from 3 to 16), and 57% had at least one parent from sub-Saharan Africa or a Caribbean island; 14% had parents from Asia (two from China and one from Sri Lanka). The authors noted in their discussion that past U.S. and U.K. studies of Kawasaki disease have found a 2.5 times greater risk in Asian-American children and 1.5 times greater risk in African-American children compared with children with European ancestry.

Most of the patients (81%) needed intensive care, with 57% presenting with Kawasaki disease shock syndrome and 67% with myocarditis. Dr. Toubiana and associates also noted that “gastrointestinal symptoms were also unusually common, affecting all of our 21 patients.”

Only nine of the children reported having symptoms of a viral-like illness when they were admitted, primarily headache, cough, coryza, and fever, plus anosmia in one child. Among those children, the Kawasaki symptoms began a median 45 days after onset of the viral symptoms (range 18-79 days).

Only two children showed no positive test result for current COVID-19 infection or antibodies. Eight (38%) of the children had positive PCR tests for SARS-CoV2, and 19 (90%) had positive tests for IgG antibodies. The two patients with both negative tests did not require intensive care and did not have myocarditis.

About half the patients (52%) met all the criteria of Kawasaki disease, and the other 10 had “incomplete Kawasaki disease.” The most common Kawasaki symptoms were the polymorphous skin rash, occurring in 76% of the patients, changes to the lips and oral cavity (76%), and bilateral bulbar conjunctival injection (81%). Three patients (14%) had pleural effusion, and 10 of them (48%) had pericardial effusion, Dr. Toubiana and associates reported.

But Dr. Behrens said he disagrees with the assertion that the illness described in the paper and what he is seeing at Children’s Hospital of Philadelphia is related to Kawasaki disease.

“Most experts here in the U.S. seem to agree this is not Kawasaki disease, but a distinct clinical syndrome called multisystem inflammatory syndrome in children, or MIS-C, that seems to have some overlap with the most nonspecific features of Kawasaki disease,” said Dr. Behrens, who is the Joseph Lee Hollander Chair in Pediatric Rheumatology at Children’s Hospital of Philadelphia. He has coauthored a study currently under review and available as a preprint soon that examines the biologic mechanisms underlying MIS-C.

Neither Dr. Behrens nor Dr. Whyte believed the findings had clinical implications that might change practice, but Dr. Whyte said he will be paying closer attention to the black children he treats – 99% of his practice – who are recovering from COVID-19.

“And, because we know that the concerns of African Americans are often overlooked in health care,” Dr. Whyte said, physicians should “pay a little more attention to symptom reporting on those kids, since there is a possibility that those kids would need hospitalization.”

All the patients in the study were treated with intravenous immunoglobulin, and corticosteroids were administered to 10 of them (48%). Their median hospital stay was 8 days (5 days in intensive care), and all were discharged without any deaths.

“Only one patient had symptoms suggestive of acute covid-19 and most had positive serum test results for IgG antibodies, suggesting that the development of Kawasaki disease in these patients is more likely to be the result of a postviral immunological reaction,” Dr. Toubiana and associates said.

The research received no external funding, and neither the authors nor other quoted physicians had any relevant financial disclosures.

SOURCE: Toubiana J et al. BMJ. 2020 Jun 3, doi: 10.1136 bmj.m2094.

#COVID grave : une petite étude parisienne confirme l’intérêt de la #CPAP chez certains patients

Postado em

Paris, France – Même si elle porte sur peu de cas, une étude parisienne confirme l’intérêt de la ventilation par pression continue chez certains patients Covid-19 en détresse respiratoire, laquelle a permis de diminuer de moitié de risque d’intubation et de décès à 7 jours.

Evaluer la ventilation en pression positive continue

Comment faire face à l’afflux de patients Covid réanimatoires nécessitant une augmentation du débit d’oxygène pour garder une SpO2 ≥ 92 % alors que les moyens en respirateurs et en Optiflow sont limités et que les risques d’aérosolisation virale sont importants ? C’est à cette question qu’ont dû faire face les réanimateurs de l’hôpital de la Pitié Salpêtrière au plus fort de l’épidémie de Covid-19, qui se sont alors tournés vers la ventilation en pression positive continue, ou en anglais CPAP (pour Continuous Positive Airway Pressure) comme nouvellement recommandé par l’European Respiratory Society depuis le 23 mars. Les résultats de leur étude utilisant la CPAP sont publiés dans l’European Respiratory Journal [1].

Lire aussi l’article en hommage à Georges Boussignac, médecin et génial inventeur de la CPAP, décédé le 21 mai dernier :  Décès du Dr Georges Boussignac : retour sur le parcours hors norme de l’inventeur de la CPAP 

Le 23 mars 2020, l’ERS a inclus la ventilation en pression positive continue, ou en anglais CPAP (pour Continuous Positive Airway Pressure), dans le traitement des patients infectés par le SRAS-CoV-2 nécessitant un débit de plus de 6 L/min d’oxygène pour maintenir une SpO2 ≥92 %. Cette décision a été prise en se fondant sur l’expérience italienne et en remettant en question une publication datant des années 2000 qui contrindiquait, sur la base de résultats limités, l’utilisation de la CPAP dans le syndrome de détresse respiratoire aiguë (SDRA). Afin l’évaluer l’intérêt de cette prise en charge chez les patients réanimatoires, l’équipe du Dr Matilde Oranger (Paris) a comparé de façon rétrospective le devenir de patients pris en charge avant et après l’instauration des recommandations européennes.

Hommes, 60 ans, en surpoids, majoritairement sous hydroxychloroquine

Deux périodes ont été choisies : du 11 au 23 mars 2020 (14 patients contrôle) et du 24 mars au 8 avril 2020 (38 patients CPAP). Tous devaient présenter des signes de détresses respiratoire aiguë (fréquence respiratoire ≥25, infiltrats radiologiques ou scanographiques, nécessité d’une oxygénation à plus de 6 L/min) et avoir bénéficié d’une RT-PCR positive. Les patients étaient âgés en moyenne de 62 ans, leur IMC moyen était de 27. Les hommes étaient surreprésentés (39 sur 52) et les fumeurs étaient relativement rares (12 sur 52).

Dans le bras contrôle, le débit d’oxygène était majoré jusqu’à 15 l/min si nécessaire pour maintenir une SpO2≥92 %, en cas d’échec le patient était intubé, sauf si après concertation, l’intubation était récusée. Dans le bras CPAP, le dispositif était mis en place aux moins 2 fois 2 h par jour et toute la nuit à l’aide d’un appareil utilisés pour les syndromes d’apnée obstructive du sommeil (SAOS) ou d’un « Boussignac » (pression 10 cmH2O pour débuter puis ajustement entre 8 et 12 cmH2O). En moyenne, les patients ont utilisé ce traitement pendant 5 jours et de 4 à 11 h par jour. Aucune différence en termes de traitement adjuvant n’a été retenue entre les deux groupes : hydroxychloroquine (8 sur 14 contrôles et 20 sur 38 patients CPAP), médicaments antiviraux (respectivement 0 et 1), tocilizumab (0 et 1), corticostéroïdes (0 et 1).

Moins d’intubation, zéro décès

A J7, 6 des 14 patients contrôle ont été intubés et 2 sont décédés (57 % d’évènements). Dans le bras CPAP, 9 des 38 patients ont été intubés et aucun n’est décédé (23 %, p=0,043). Les deux patients récusés pour l’intubation sont décédés dans le bras contrôle contre aucun sur 6 dans le bras CPAP. Le délai médian avant intubation était de 5,5 jours dans le bras contrôle et il n’a pas été atteint chez les patients CPAP.

A 14 jours, les résultats obtenus étaient similaires.

Même si les auteurs reconnaissent que cette étude n’est pas randomisée et que le nombre de patients inclus est limité, ils insistent sur ce qui fait la force de cette étude : deux périodes très rapprochées, des indications d’intubation identiques (et non dépendant du manque de lits de réanimation), enfin, aucune intubation réalisée dans le bras CPAP dans des conditions d’urgences extrême ou d’arrêt cardiaque.

 

 

 

 

#La prise en charge des patients COVID dans les plateaux techniques interventionnels – L’expérience de l’hôpital européen Georges Pompidou (HEGP)

Postado em Atualizado em

Christian SPAULDING, pour le GACI

La progression du virus COVID est variable dans l’hexagone. Après le Grand Est, les hôpitaux de la région parisienne connaissent depuis la semaine dernière une croissance rapide du nombre de patients COVID+. Une semaine après la prise en charge du premier patient COVID+ sur le plateau technique interventionnel (PTI) de l’HEGP, voici quelques réflexions qui pourront servir à la communauté des cardiologues interventionnels.

Protocole de prise en charge des patients COVID+ ou suspects COVID+

Il est souhaitable d’avoir un protocole de prise en charge des patients COVID+ ou suspects COVID, individualisé pour le PTI. Il est difficile d’appliquer des protocoles « standard » de bloc opératoire non adaptés à notre environnement. Ce protocole est au mieux court, simple, et rédigé en équipe avec les cadres les paramédicaux et l’équipe de l’hygiène. Il est important de faire des « points d’étape » avec l’ensemble de l’équipe après la prise en charge de chacun des premiers patients COVID+ : rien ne se déroule parfaitement selon le plan établi, et des ajustements sont nécessaires.

COVID+ et astreintes

Après deux prises en charge nocturnes de patients COVID+, compte tenu de la surcharge de travail et des difficultés logistiques, nous avons organisé une astreinte paramédicale supplémentaire « COVID+ ». L’infirmier(e) ou manipulateur (trice) est appelé en cas de prise en charge d’un patient COVID+ pour aider ses collègues. Ceci permet d’accélérer l’installation du patient et de respecter au mieux les règles de protection du personnel.

Protocole et personnel extérieur au plateau technique

Nous avons rencontré des difficultés pour faire accepter les mesures de protection COVID lors de l’intervention de paramédicaux et médecins extérieurs au plateau technique (ports de masque, minimum de personnel dans les salles, etc.). Des rappels réguliers sont nécessaires.

Arrêt cardiaque chez les patients amenés par le Samu pendant l’endémie COVID

Une patiente amenée par le Samu pour un SCA ST + à minuit, sans signe clinique d’infection au COVID+ a fait, 10 minutes après son installation sur la table de coronarographie, un arrêt cardio-respiratoire qui a nécessité une réanimation en urgence avec intubation. Le médecin qui a pratiqué l’intubation était équipé d’un masque chirurgical simple, de lunettes de vue et de gants non stériles. La patiente est décédée sans que son statut Covid soit connu.

La discussion d’équipe après ce cas a conclu :

• à la nécessité de protéger les opérateurs pour l’intubation d’un patient dont le statut n’est pas connu (masque FFP2, charlotte, lunettes de protection, casaque) ;

• d’obtenir le statut COVID chez un patient intubé en urgence.

Respirateurs

Trois des 7 respirateurs du PTI ont été réquisitionnés : prévoir des solutions de rechange.


Publié dans Cath’Lab

#Cuando respirar cuesta

Postado em

Asma y EPOC no se consideran un factor de riesgo para infectarse del SARS-CoV-2 ni se asocian, ‘a priori’, a un peor pronóstico de la Covid-19.

El asma y la EPOC no se consideran factor de riesgo para Covid-19.
El asma y la EPOC no se consideran factor de riesgo para Covid-19.

Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), los datos de los que se dispone actualmente apuntan a que los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas como el asma y la EPOC no presentan un riesgo mayor de infectarse por el SRAS-CoV-2, aunque este buen perfil frente a la Covid-19 está determinado por el buen control de la patología de base mediante el mantenimiento y el adecuado cumplimiento del tratamiento establecido.

En el caso de la EPOC, José Miguel Rodríguez González-Moro, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Príncipe de Asturias, de Madrid, explica que, a pesar de que los resultados de los estudios publicados sugieren que padecer esta enfermedad no se traduce en un riesgo aumentado de Covid-19, hay que tener en cuenta que se trata de pacientes de mayor edad, con deterioro de su capacidad respiratoria y con frecuentes comorbilidades cardiovasculares, “y el conjunto de todas estas circunstancias sí hace que presenten un mayor riesgo de desarrollar neumonía (y en sus formas graves) y tener un peor pronóstico; por ello, el riesgo de fallecimiento está incrementado”.

Riesgo de infección grave

En este sentido, hay estudios, como el publicado en Tobacco Induced Diseases, que vinculan la enzima conversora de la angiotensina 2 (ECA2) con un potencial mayor riesgo de desarrollar una infección grave en pacientes con EPOC que se contagian con el SRAS-CoV-2. Rodríguez comenta al respecto que “el tema de la mayor expresividad de los receptores ECA2 es muy debatido, sobre todo a raíz de la discusión sobre el efecto de los fármacos antihipertensivos, como los IECA o los ARAII (publicaciones recientes indican que la utilización de estos fármacos es segura y no aumenta el riesgo de infección ni la gravedad de la misma)”.

La recomendación a estos pacientes es que, si están bien controlados, no modifiquen su tratamiento habitual durante la pandemia

Añade el neumólogo del Príncipe de Asturias que “en el caso de los fumadores y los pacientes con EPOC se observa una hiperexpresión de los receptores de ECA y, de hecho, los niveles de expresión génica de esta enzima también están inversamente relacionados con el volumen respiratorio forzado en el primer segundo del individuo en un segundo (FEV1). Sin embargo, el significado real y las consecuencias que esto pueda tener en la infección por el SRAS- CoV-2 en los pacientes de EPOC de momento no se conocen”.

En cuanto al asma, Vicente Plaza, director del Servicio de Neumología y Alergia del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, de Barcelona, y director del Comité de Formación y Docencia de la Separ, señala que la evidencia disponible hasta la fecha muestra que padecer esta enfermedad respiratoria crónica no parece asociarse de forma independiente a una mayor probabilidad de desarrollar la Covid-19 o fallecer a causa de esta patología infecciosa. “No obstante, se recomienda mantener la cautela con los pacientes con asma mal controlada, particularmente aquellos que padecen asma grave. En relación con el asma alérgica, sucede lo mismo que con el asma en general: las series de casos recogidas en China no mostraron una mayor asociación de la Covid-19 con las enfermedades alérgicas en general”.

Repercusión en la esfera cardiovascular

Con respecto a las consecuencias y complicaciones que puede tener la Covid-19 en estos pacientes, para Rodríguez, “en el caso de la EPOC resulta claro que pueden sufrir nuevas comorbilidades o el agravamiento de las previas, con especial repercusión en la esfera cardiovascular, y también que la infección podría tener un impacto en la función pulmonar de alcance indeterminado. No hay que olvidar tampoco el mayor riesgo de complicaciones tromboembólicas que deben entrar en el diagnóstico diferencial en caso de empeoramiento de la disnea o de la clase funcional”.

José Miguel Rodríguez incide en que el efecto a medio y largo plazo sobre los síntomas, exacerbaciones y el pronóstico vital de los pacientes con EPOC que contraen la Covid-19 es desconocido, por lo que se impone un seguimiento estrecho y diferenciado para estudiar la evolución que manifiesten.

“De lo que se ha observado hasta ahora, y refiriéndonos a los datos de España, se ha visto que los pacientes con enfermedad respiratoria preexistente evolucionan peor, con formas neumónicas más graves; ingresan más en UCI y durante un tiempo más prolongado, y presentan una mayor mortalidad. Pero repito que es necesario esperar a los análisis de las bases de datos que tenemos ya en marcha para conocer realmente cuál ha sido la situación de las distintas patologías respiratorias, como la EPOC y el asma, durante la pandemia”, añade Rodríguez.

En cuanto a las medidas de prevención, ambos especialistas señalan que estos pacientes deben seguir las mismas pautas que la población general para protegerse del contagio, siendo especialmente recomendable el abandono del tabaquismo, en caso de que aún continúen fumando. “La actitud del asmático bien controlado frente a la pandemia no difiere de la de otra persona sin asma”, dice Vicente Plaza.

Además, comenta que “en el caso del asma no controlada, deberán extremarse las medidas preventivas, especialmente si se trata de un asma grave. Pero en todas las situaciones, lo más importante es no abandonar el tratamiento habitual prescrito, en particular los corticoides inhalados. Hay que tener presente que, en estos casos, el riesgo que implica dejar esta medicación es mayor que la infección vírica”.

Mismas pautas… con algún reajuste

Respecto a las pautas de tratamiento, éstas deben mantenerse, aunque teniendo en cuenta la introducción de algunos cambios concretos, que comenta José Miguel Rodríguez: “Se deben evitar los aerosoles, por el riesgo elevado de dispersión de partículas, y utilizar siempre inhaladores de polvo o con cámara de inhalación. Además, hay que realizar una higiene muy rigurosa de los dispositivos y, en caso de utilizar oxígeno domiciliario, también de las gafas nasales utilizadas en su administración”.

En la misma línea, y en el caso concreto de los pacientes asmáticos infectados, Vicente Plaza hace hincapié en que éstos no deben emplear nebulizadores para la aerosolización de fármacos, sino usar en su lugar dispositivos acoplados a espaciadores o cámaras de inhalación. “También deben evitarse los equipos de ventilación no invasiva de una sola rama y sin filtro bacteriano ubicado antes del puerto de salida. En relación al uso de fármacos biológicos, ante la falta de evidencia, se recomienda individualizar cada caso”.

Hay estudios que vinculan la ECA2 con un potencial mayor riesgo de y desarrollar una infección grave en pacientes con EPOC infectados

En general, tanto el tratamiento del asma como el de la EPOC son compatibles con las opciones terapéuticas que se están empleando para el abordaje de los pacientes de Covid-19, de ahí la importancia de no alterarlo en caso de infectarse. “Los tratamientos inhalados basados en broncodilatadores de acción prolongada (antimuscarínicos y beta-2 agonistas) y corticoides inhalados no deben modificarse, y el paciente debe continuar con ellos. De hecho, se está debatiendo sobre un posible efecto protector de esta medicación, en especial los corticoides inhalados, frente a la infección por SRAS-CoV-2, tanto en pacientes con EPOC como, sobre todo, en aquellos que padecen asma”, comenta Rodríguez.

Nuevo contexto a incluir en las guías

Sobre las posibles interacciones o problemas derivados de combinar ambos tratamientos, Vicente Plaza explica que entre los pacientes que padecen asma, el principal efecto secundario observado es el trastorno del ritmo cardiaco, “en concreto, el alargamiento del intervalo QT, cuando el tratamiento del asma se asocia a algunas de las opciones terapéuticas que se están empleando para la Covid-19, o también un aumento de la toxicidad en general de los corticoides inhalados y parenterales si se combinan con algunos de estos fármacos; de ahí la necesidad de extremar la vigilancia clínica en estas situaciones, ya que es posible que en algún caso se deba considerar ajustar las dosis, al alza o a la baja”.

Todos estos aspectos comentados por Plaza se recogen en el apartado específico sobre la relación entre asma y Covid-19 incluido en la nueva edición de la Guía Española para el Manejo del Asma (GEMA), versión 5.0, un documento de consenso entre expertos de 17 sociedades científicas españolas y extranjeras que acaba de publicar la Separ y de cuyo contenido Vicente Plaza destaca tres aspectos clave: “La constatación de que la evidencia arrojada hasta ahora parece sugerir que padecer asma no contribuye a un mayor riesgo de Covid-19; la inclusión de lo que es el principal consejo para el paciente de asma en este contexto: que no abandone el tratamiento inhalado habitual; y la tabla resumen que, de forma exhaustiva, evalúa el riesgo de interacción farmacológica entre los tratamientos habituales del asma y los que se emplean actualmente para la Covid-19”.

#Más mortalidad en pacientes con #tumor activo y #Covid-19 que reciben #hidroxicloroquina y #azitromicina

Postado em Atualizado em

Dos estudios presentados en ASCO analizan el impacto de la Covid-19 en los paciente con cáncer. Uno de ellos, en ‘The Lancet’, cifra la mortalidad en el 13%.

Coronavirus3
Coronavirus3

Entre las principales dudas que entraña la pandemia causada por el SARS-CoV-2 se encuentra el impacto que ha producido o que producirá en los pacientes con cáncer. Dos estudios presentados en la Reunión Anual de la Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO), que se está celebrando por primera vez de forma virtual, se han centrado en este tema para intentar dar respuesta al efecto que la Covid-19 tiene en la mortalidad de los pacientes con cáncer.

Con este objetivo de resolver las incógnitas se ha creado el registro Consorcio de Cáncer y Covid-19 (The COVID-19 and Cancer Consortium Registry), que incluye los datos de de 928 pacientes con diagnóstico positivo de Covid-19 procedentes de España, Canadá y Estados Unidos, y concluye que el 13% por ciento de los pacientes fallecieron en los 30 días posteriores al diagnostico de coronavirus. Los resultados se publican en The Lancet
“El ratio de mortalidad para este grupo de pacientes es más del doble de lo que se ha establecido para el grueso de pacientes con Covid-19. Cierto subgrupos, como los pacientes con el tumor activo y con una capacidad funcional deteriorada, han tenido un impacto mucho mayor”, ha explicado Jeremy L. Warner, professor de Medicina e Informática Biomédica del Centro Médico Universitario Vanderbilt, en Nashville, y autor principal del trabajo.

Según Howard A. Burris III, presidente de ASCO, este registro es “un gran ejemplo de cómo la comunidad se ha unido para identificar y recoger los datos necesarios a gran escala” para mejorar la asistencia de los pacientes con cáncer, reducir la mortalidad y las consecuencias del virus.

Del total de pacientes del registro el tumor se encontraba activo en el 40%. Según los resultados en los pacientes con cáncer y Covid-19, el tumor en progresión se asoció de forma independiente con un aumento del riesgo de muerte. Además también se ha puesto de manifiesto que aquéllos pacientes que recibieron hidroxicloroquina y azitromicina también muestran un mayor riesgo de mortalidad.

Warner ha alertado de que estos datos aún son precoces y en continua evolución: “Ahora mismo estamos recogiendo información para entender por qué algunos pacientes contraen la infección e identificar qué factores influyen en la gravedad y en el riesgo de mortalidad. También buscamos analizar los efectos de las terapias frente a la Covid-19 en pacientes con cáncer”.

Tras ajustar parcialmente otros factores de referencia se observó que los pacientes con tumor activo tenían 5,2 veces más probabilidad de fallecer en los 30 días siguientes que aquéllos en remisión o sin evidencia de la patología tumoral.

Además, la combinación de azitromicina e hidroxicloroquina para el abordaje de la Covid-19 se asocia con 2,89 veces más de riesgo de mortalidad en el mes siguiente en comparación con no utilizar ninguno de los fármacos. El estudio señala que los pacientes que fallecieron y habían recibido la combinación eran más propensos a haber sufrido una reducción en la función física diaria, haber recibido tratamiento antitumoral en las dos semanas previas al contagio, a ser RH-, a pertenecer a una etnia no hispánica y al tratamiento con estatinas. Sin embargo, no se ha encontrado ningún aumento significativo en el riesgo asociado con cualquiera de los fármacos en solitario. Al igual que otros estudios que señalan al sexo como factor de riesgo, el registro añade que los hombres parecen tener 1,63 veces más riesgo de fallecer que las mujeres y los exfumadores 1,6 veces más riesgo que los no fumadores.

Warner ha concluido que es necesario realizar estudios prospectivos y bien estructurados para demostrar de forma fehaciente el riesgo o beneficio de estos fármacos.

Quimioterapia y aumento de riesgo en pacientes con cáncer torácico

Sin embargo, el uso de fármacos frente a la Covid-19 no parece haber tenido impacto en la mortalidad de pacientes con cáncer torácico, según otro estudio presentado en ASCO, que ha analizado la probabilidad de fallecer en estos pacientes a partir del registro Colaboración Internacional Covid 19 en Cáncer Torácico (Teravolt, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, este trabajo sí ha observado que en los pacientes con cáncer de pulmón y otros tumores torácicos diagnosticados de Covid-19 el uso previo de quimioterapia –sola o en combinación con otros tratamientos- en las tres semanas anteriores a la infección se asocia con un aumento del riesgo del 64% de mortalidad a causa del virus.

El registro incluía a 400 pacientes con cáncer y diagnóstico de Covid-19. De los 144 que fallecieron, la causa de mortalidad fue debida a la Covid-19 en el 79.4% de los pacientes y debido al cáncer en el 10.6%. El estudio, dirigido por Leora Horn, directora del Programa de Oncología del Centro Médico Universitario Vanderbilt, ha observado que el tratamiento con anticoagulantes y corticoesteroides previo a la infección por SARS-CoV-2  también se asociaron con un mayor riesgo de muerte. Según los investigadores, estos datos tienen su interés debido al potencial efecto trombótico de los pacientes con Covid-19, que ha llevado a los facultativos a aconsejar anticogulación profiláctica en todos los pacientes con la enfermedad. No obstante, aún hacen falta más estudios para determinar cómo afecta la Covid-19 a la coagulación en lo pacientes con cáncer torácico.

%d blogueiros gostam disto: