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#“El 90% de los #ictus se evitaría con prevención adecuada”

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Inmaculada Roldán, coordinadora del Grupo de Trombosis Cardiovascular de la SEC, incide en la importancia de la adecuada prevención, que pasa por la corrección y tratamiento de los factores de riesgo modificables. En colaboración con Bristol-Myers Squibb.

El ictus es la primera causa de muerte en la mujer y también la que más discapacidades produce en la edad adulta, según datos de la Sociedad Española de Neurología. De hecho, cada 6 minutos se produce un ictus en España y cada 14 minutos afecta a una mujer, tal y como recuerda a DM Inmaculada Roldán, coordinadora del Grupo de Trombosis Cardiovascular de la Sociedad Española de Cardiología. “El 90% de los casos de ictus se podrían evitar con una adecuada prevención, que pasa por la corrección y tratamiento de los factores de riesgo modificables, como son HTA, diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo, obesidad, vida sedentaria, consumo de alcohol, terapias hormonales y enfermedades cardiacas previas”, apunta Roldán.

 

En su opinión, no existen programas nacionales que incidan en la detección, tratamiento y seguimiento de los riesgos. “Esto es aplicable tanto a la prevención primaria, es decir, cuando aún no se ha tenido un ictus, como a la secundaria, cuando sí se ha padecido. No hay olvidar que el hecho de haber sufrido un ictus es un factor de riesgo para padecer un segundo”, destaca.

En este sentido, Roldán insiste en que la fibrilación auricular también tiene una mayor prevalencia entre la población femenina: el 60% de los casos en mayores de 75 años son mujeres. “Por ello, es primordial instaurar un tratamiento anticoagulante correcto en la población femenina que, además, se asocia muy frecuentemente a la hipertensión, primer factor de riesgo relacionado con el ictus”, comenta. Sobre la puesta en marcha del Código Ictus, Roldán lo valora de forma positiva porque han conseguido que la mayoría de los pacientes que sufren un episodio sean atendidos con la mínima demora en centros con unidades de ictus. Así se reducen los tiempos de atención, lo que permite aumentar el número de sujetos tratados con trombólisis intravenosa, pasando del 3% inicial hasta alcanzar un 20% de los pacientes con infarto cerebral atendidos en urgencias. “La trombectomía, en los casos en que es posible, se ha convertido en la terapia de elección y, si es precoz, con resultados espectaculares en la recuperación neuronal; tiempo es cerebro: este debe ser el objetivo”. A su juicio, la aplicación del Código Ictus ha reducido un 50% la mortalidad en estos casos, pero todavía no existe un acceso homogéneo a este tipo de programas ni a la rehabilitación posterior, que a menudo no está disponible para todos los pacientes o se recibe con tal demora que compromete la recuperación funcional.

“El acceso a los anticoagulantes directos es desigual, creándose así una inequidad injustificable”

Otro ejemplo de inequidad territorial, según Roldán, es el tratamiento de la cardiopatía isquémica, y en concreto del infarto agudo de miocardio, primera causa de muerte en la población general y segunda en la mujer. “El Código Infarto y el acceso a la revascularización coronaria de forma primaria -instaurado hace más de una década- han cambiado la evolución de la enfermedad en nuestro país. Se ha disminuido la mortalidad y la morbilidad considerablemente en casi un 40%, y el ingreso hospitalario por infarto de miocardio no complicado se ha reducido a 2-3 días, con el consiguiente ahorro en el gasto sanitario”, explica. En cuanto a la salud de la mujer, esta cardióloga considera que la mortalidad es mayor en parte porque llegan más tarde a los programas de rehabilitación cardiaca. “Todavía existen cifras dispares de mortalidad intrahospitalaria por infarto de miocardio en nuestro país debido a la no implantación del Código Infarto en varias comunidades; un ejemplo es Canarias”.

Colaboración con ap

Con respecto al abordaje de la fibrilación auricular, factor de riesgo para sufrir un ictus, Roldán alega que las mujeres suelen estar peor tratadas que los hombres, y que “el acceso a los anticoagulantes directos es desigual en las distintas comunidades autónomas, con visados diferentes, creándose así una situación de inequidad en nuestro país injustificable. Así, en Madrid el porcentaje de empleo de anticoagulantes directos es del 31% frente a casi un 60% en Cantabria”. Para esta cardióloga las diferencias en el acceso a los anticoagulantes tienen repercusiones clínicas desfavorables en la evolución y pronóstico de los pacientes.

“La trombectomía, cuando es posible, se ha convertido en la terapia de elección”

En materia de prevención, la atención primaria se debe colocar en el centro de la estrategia de detección y tratamiento de los factores de riesgo. “Su trabajo es clave en el cambio de vida y adopción de hábitos saludables, como dieta y ejercicio. Además, la colaboración de primaria y especializada es clave en el seguimiento y control de los pacientes crónicos, la coordinación asistencial en el ámbito hospitalario y la continuidad de cuidados”, alerta Roldan. A su juicio, los centros de salud son el entorno idóneo para instaurar programas de detección oportunista de fibrilación auricular.

#Comer en exceso causa #obesidad

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Estamos comiendo los alimentos equivocados además de estar comiendo en exceso.

Comer en exceso

A la vida sedentaria, a los alimentos procesados y al consumo de azúcar, hay que añadir el exceso de comida como causa de obesidad. A esta conclusión tan sorprendente ha llegado un estudio internacional que se publica en el último número de British Medical Journal y que ha cuantificado el contenido energético de comidas servidas en restaurantes de Brasil, China, Finlandia, Ghana e India. “Muchas personas pueden confundir el deseo de comer con el hambre”, advierte enigmáticamente Vivian Suen, de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo y coautora del artículo.

Se midió el contenido energético de una muestra representativa de 223 comidas populares de 111 restaurantes seleccionados al azar en las ciudades de Ribeirão Preto (Brasil), Beijing (China), Kuopio (Finlandia), Accra (Ghana) y Bangalore (India), y se comparó con datos de restaurantes de Boston (EE. UU.) extraídos de estudios anteriores de la Universidad de Tufts.

Los resultados mostraron que el 94% de los platos principales más populares servidos en restaurantes y el 72% de los que se compran en establecimientos de comida rápida contenían más de 600 kilocalorías (kcal), el punto de referencia del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido para ayudar a reducir la epidemia mundial de obesidad. También vieron una extraña correlación entre la cantidad de comida y el contenido de energía. Los ejemplos incluyen el arroz, frijoles, pollo, yuca, pan y ensalada tradicionales de Brasil (841 g y 1.656 kcal); el clásico fufu, cabra y sopa de Ghana (1.105 g y 1.151 kcal); y el popular biryani de cordero de la India (1.012 g y 1.463 kcal). Los lugares analizados suministraron entre el 70% y el 120% de la energía diaria requerida por una mujer sedentaria, aproximadamente 2.000 kcal, excepto en China, donde el contenido energético de las comidas más populares fue menor. “Los hallazgos -desvela Suen- refutan dos ideas ampliamente aceptadas: no solo estamos comiendo los alimentos equivocados sino también comiendo en exceso y, en términos de calorías, incluso una comida considerada saludable puede agregar más peso que una comida rápida”. Es decir, engullir diez ensaladas puede ser tan malo como una hamburguesa doble. “De las innumerables dietas (bajas en carbohidratos, altas en proteínas, bajas en grasas, etc.), nadie sabe realmente cuál es la más eficaz. Lo que importa a largo plazo es el contenido total de energía en términos de calorías”, insiste Suen. “Y el aumento de peso se asocia con el consumo excesivo de calorías”. Nadie lo diría…

Los pacientes con cardiopatías deberían aumentar su actividad física

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Los pacientes con cardiopatía coronaria permanecen sentados, de media, 8 horas al día.

El resultado de un estudio publicado en el “European Journal of Cardiovascular Prevention” indica que los pacientes con cardiopatía que llevan una vida sedentaria presentan peor condición física y tienen más probabilidades de pesar más, independientemente de la cantidad de ejercicio que practiquen.

Para el estudio se equipó a 278 pacientes con cardiopatía coronaria con un dispositivo que registraba sus actividades durante un total de 9 días durante sus horas de vigilia. Además, los investigadores analizaron varios marcadores, entre los que se incluían el IMC y el estado cardiorrespiratorio. Los pacientes habían participado hasta ese momento en un programa de rehabilitación en el que aprendían cómo mejorar su estado físico a largo plazo.

Los hallazgos mostraban que los pacientes pasaban una media de 8 horas al día sentados. Los hombres pasaban sentados 1 hora más que las mujeres, probablemente porque estas tienden a realizar movimientos de menor intensidad, como el trabajo doméstico o la compra. Los que permanecían más tiempo sentados presentaban un IMC más elevado y un peor estado cardiorrespiratorio. Esta asociación se mantenía independientemente de la edad, el sexo o los niveles de actividad física.

La directora del estudio, Stephanie Prince, del University of Ottawa Heart Institute (Ontario, Canadá), indica: “Limitar la cantidad de tiempo que pasamos sentados puede ser tan importante como la cantidad de ejercicio”. En el futuro, podría ser aconsejable que los programas de rehabilitación se centraran en este punto.