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#La #exposición pre y postnatal al #exposoma se asocia con peor #función respiratoria en la infancia

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Un estudio codirigido por el IsGlobal analiza por primera vez el impacto del exposoma en la salud respiratoria tras la exposición pre y postnatal.

A partir de la decimosexta semana el feto empieza a oír sonidos, en particular la voz de su madre. En las próximas semanas empieza a desarrollar otras funciones motoras.

La exposición al exposoma -en concreto el formado por diferentes contaminantes químicos, como parabenos, ftalatos y sustancias perfluoroalquiladas (PFAS)– durante el embarazo y en la infancia se asocia con una reducción de la función respiratoria infantil.

Esta es la principal conclusión de un estudio codirigido por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por La Caixa, y el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (Inserm), en colaboración con otros equipos europeos.

Los resultados, obtenidos a partir de los datos de más de mil madres y de sus hijos e hijas, se han publicado en la revista The Lancet Planetary Healthy y representan una de las primeras aproximaciones al concepto de exposoma.

Exposoma como nuevo paradigma de investigación

Las personas están expuestas simultáneamente a un amplio rango de factores ambientales, como cambios en el clima, contaminación del aire en entornos urbanos y en la vivienda, o sustancias químicas. A la totalidad de estas exposiciones se le denomina exposoma.

Hasta la fecha, se habían realizado muchos estudios sobre el impacto de los riesgos ambientales en la salud respiratoria durante los primeros años de vida, pero todos ellos se habían centrado en una sola exposición o en un grupo de ellas.

“Este estudio es el primero en utilizar el enfoque del exposoma para identificar asociaciones entre la exposición prenatal e infantil a un rango de importantes factores medioambientales y el deterioro de la función pulmonar, lo que implica un nuevo paradigma en la investigación de la salud ambiental”, destaca Martine Vrijheid, investigadora de ISGlobal y co-coordinadora del estudio.

El nuevo estudio, realizado en el marco del proyecto europeo Helix, analizó los datos de 1.033 madres y sus hijos e hijas de seis países europeos: España, Francia, Grecia, Inglaterra, Lituania y Noruega.

En concreto, el equipo evaluó 85 exposiciones durante el embarazo y 125 en la infancia, relacionadas con el entorno exterior e interior, productos químicos o estilo de vida. A los 6 y a los 12 años, se realizó una espirometría a los niños y niñas para medir su función respiratoria.

Exposición en distintos momentos de la vida

Los resultados mostraron que la exposición prenatal a substancias perfluoroalquiladas (PFAS)– de dos tipos: PFOA y PNFA – se asociaba con una menor función respiratoria en la infancia. Los PFAS son utilizados como protectores o repelentes de manchas y líquidos, y tienen muchos usos, incluidos los electrodomésticos y los productos de consumo. A partir de la dieta, entre otros, se introducen en el organismo y la madre lo transmite al feto a través de la placenta.

En cuanto a la exposición durante la infancia, el estudio asoció nueve exposiciones con una peor función respiratoria en niños y niñas. Cinco metabolitos de ftalatos– DEHP y DINP, que se utilizan principalmente como plastificantes y pueden ser ingeridos, inhalados o absorbidos por la piel-  fueron los que presentaron mayor asociación.

Cinco metabolitos de ftlalatos presentaron mayor asociación entre la función respiratoria y la exposición infantil

También se encontró relación con un tipo de fenol, el etilparabeno, compuesto utilizado como conservante en cosméticos; y con el cobre, que en la población general se ingiere principalmente a través de agua potable y alimentos. Además, una mayor aglomeración de viviendas y de densidad de servicios alrededor de la escuela también se relacionó con una peor función respiratoria.

“Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la salud pública. Medidas preventivas destinadas a reducir la exposición a los contaminantes químicos identificados, a través de una regulación más estricta y de la información al público mediante el etiquetado en los productos de consumo, podrían ayudar a prevenir el deterioro de la función pulmonar en la infancia, lo que a su vez puede tener beneficios para la salud a largo plazo”, ha concluido Vrijheid. 

Los filtros de protectores solares y parabenos se acumulan en la placenta de las embarazadas (Environ Int)

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Pueden ser transmitidos a los fetos.

Pueden ser transmitidos a los fetos.

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Hospital Sant Joan de Déu han demostrado que los filtros UV –protectores solares– y los parabenos –conservantes bactericidas y fungicidas que llevan muchos cosméticos– se acumulan en la placenta de las embarazadas y pueden ser transmitidos a los fetos.

El trabajo, publicado en la revista “Environment International”, ha analizado un total de diez compuestos –cinco parabenos y cinco filtros solares– y ha constado que más de cuatro tipos se encuentran en todas las placentas, y hasta siete han sido detectados en una misma muestra.

Según la investigadora del CSIC que ha dirigido el estudio, Silvia Díaz-Cruz, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Idaea-Csic), la presencia de estos compuestos es “preocupante”, puesto que durante el embarazo cualquier alteración hormonal puede ser altamente nociva para la madre y para el feto.

Los investigadores esperaban encontrar niveles muy bajos o indetectables de estos elementos, pero “las concentraciones encontradas superan en algún caso los 11 nanogramos por gramo, más de 500 veces del valor esperado de 0,02 nanogramos por gramo, y que corresponde al límite de detección del método”, ha detallado la científica.

Sobre si se trata de una cantidad excesiva, Díaz-Cruz ha puntualizado que “aún faltan estudios para delimitar los niveles de riesgo”.

Los parabenos y filtros solares, que entran en el organismo a través de los alimentos –agua y pescado–, por absorción dérmica y por inhalación, han sido asociados con alergias, obesidad y baja calidad del esperma, y la presencia de benzofenonas está relacionada con la incidencia de endometriosis.

Dos estudios recientes indican que un bajo peso en niñas y mayor peso y circunferencia craneal en niños están “directamente relacionados” con el contenido de benzofenonas en orina materna, si bien son necesarios estudios longitudinales a largo plazo, con mayor número de pacientes, para determinar si puede causar la aparición de patologías en la financia y en la edad adulta, ha agregado la investigadora Lourdes Ibáñez.

Estudios en animales han demostrado que estos compuestos son perturbadores hormonales, pueden afectar al sistema endocrino y causar infertilidad, además de que se ha asociado su presencia con una baja tasa de espermatozoides y, en el caso de las hembras, con desajustes en el ciclo menstrual.

Es la primera vez que se estudia la presencia de algunos de estos compuestos en placentas humanas, puesto que solo hay tres estudios previos como éste en todo el mundo, según los autores, quienes también han destacado que “algunos de los estudiados no se habían encontrado nunca antes”.

El IDAEA-CSIC demostró recientemente que las delfines hembras embarazadas bioacumulan y transmiten a sus fetos filtros solares, y los fetos presentaba niveles más altos de filtros solares que sus madres.

La UE solo autoriza en productos cosméticos dosBP4 (BP3 y BP4), pero el estudio ha hallado otras: “Son resultado de la metabolización. Eso indica que estos compuestos y sus metabolitos no se excretan en su totalidad sino que se acumulan en los tejidos, con consecuencias aún desconocidas”.

El compuesto que se ha encontrado más frecuentemente ha sido el BP4, detectado en el 75% de las muestras, y del cual se pensaba que no se acumulaba en los tejidos, y todos los parabenos se han encontrado en casi el 100% de las placentas, siendo el metilparabeno el más utilizado en la industria.

Los parabenos, incluso en pequeñas cantidades, pueden aumentar el riesgo de cáncer de mama

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La combinación de los parabenos con un factor de crecimiento natural estimula la multiplicación de las células de cáncer de mama con receptores de estrógenos y de HER2.

Los hallazgos de un estudio realizado por un grupo de investigadores estadounidenses publicado en “Environmental Health Perspectives” indican que los parabenos, que suelen encontrarse en diversos productos cosméticos, pueden aumentar el riesgo de cáncer de mama, incluso en pequeñas cantidades. Las pruebas anteriores no habían revelado este posible efecto.

Las pruebas de seguridad de productos químicos existentes miden los efectos de un producto químico sobre las células humanas aisladas. Sin embargo, los investigadores explicaron que, puesto que estas pruebas no tienen en cuenta que los compuestos pueden interactuar con otras moléculas señalizadoras, son insuficientes. Un grupo de científicos de la University of California (Berkeley) intentó por ello reflejar mejor qué ocurre en la realidad y examinó el efecto de los parabenos sobre las células de cáncer de mama que expresan los receptores de estrógenos y de HER2.

Usando el factor de crecimiento que ocurre de forma natural en las células de la mama, la herregulina, los investigadores estimularon los receptores de HER2 en las células de cáncer de mama y expusieron estas células a los parabenos. El producto químico hizo que los receptores de estrógenos activaran los genes, lo cual llevó a la multiplicación de las células. Además de ello, el efecto fue significativo: los parabenos en las células activadas por HER2 estimularon el crecimiento de las células del cáncer de mama en concentraciones 100 veces menores que en las células que carecían de herregulina.

Los autores afirman que estos hallazgos indican que incluso unas cantidades pequeñas de parabenos son más potentes de lo que indicaban algunos estudios anteriores. Los médicos deberían, por tanto, tener en cuenta su posible función en la aparición del cáncer de mama, especialmente sobre las enfermedades positivas para los receptores de estrógenos y de HER2. Además, los científicos escriben que debe volver a considerarse el diseño de las pruebas de seguridad, puesto que los métodos de prueba actuales pueden infravalorar determinados impactos.