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#El #cierre de la orejuela ‘abre la puerta’ a la prevención del #ictus por #fibrilación auricular

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Hasta el 95% de los ictus secundarios a disfunción arrítmica se originan en esta zona, por lo que la técnica del cierre de la orejuela, en los casos indicados, es una opción eficaz.

Luis Nombela, Pilar Jiménez y Pablo Salinas, del Hospital Clínico de Madrid.
Hospital Clínico de Madrid

El cierre de la orejuela izquierda, estructura muscular del corazón localizada en la aurícula, es una buena opción para pacientes con fibrilación auricular (FA), patología que eleva significativamente sus posibilidades de sufrir un ictus. Se trata, por tanto, de “un procedimiento intervencionista todavía poco conocido, pero con demanda asistencial creciente”, indica Pablo Salinas, de la Unidad de Hemodinámica del Servicio de Cardiología, englobado en el Instituto de Investigación Cardiovascular, del Hospital Clínico de Madrid, centro pionero en la realización de esta técnica con la que acaba de alcanzar las cien intervenciones.

El interés por extender el cierre de la orejuela se sustenta en datos: entre el 1 y el 2% de la población tiene fibrilación auricular (FA), la arritmia más común y cuya frecuencia aumenta a medida que la población envejece: por encima de los 75-80 años, esta cardiopatía aparece en un 5% de las personas. “El progresivo envejecimiento de la población hace prever que la FA aumentará de forma paralela”, sin olvidar además que conlleva un riesgo aumentado de ictus: de hasta cinco veces más que el que presenta la población general. Pero, ¿cuál es el papel de la orejuela en todo este entramado de cifras? Salinas responde que “se considera que entre el 90-95% de los ictus por FA se originan por trombos en la orejuela izquierda”, por lo que actuar sobre esta zona sería esencial.

Una de cada tres personas anticoagulada con FA y riesgo
de ictus no tolera la medicación por el desarrollo de sangrados

El razonamiento de actuación es de mayor alcance, según el cardiólogo. La anticoagulación es el tratamiento de elección para la mayoría de los pacientes con FA y riesgo de ictus, bien con Sintrom o más recientemente con los anticoagulantes directos. Sin embargo, y según recogen datos de diversos estudios y de la práctica clínica, con ambas terapias, “una de cada tres personas no tolera la anticoagulación prescrita, básicamente por sangrados digestivos, y asociado a comorbilidades. Con los anticoagulantes directos, el sangrado craneal se reduce significativamente, pero otros, como el digestivo no”.

Esta situación representa una dicotomía para profesionales y pacientes: emplear sí o no medicación para reducir el riesgo de ictus, pero manteniendo el de sangrado. Así, el cierre de la orejuela aparece como una opción con unas indicaciones concretas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la técnica se contempla como alternativa a la eliminación de anticoagulantes. En Europa se indica en personas anticoaguladas, pero con contraindicaciones o no tolerancia a anticoagulantes, fundamentalmente por sangrado, tal y como se ha llevado a cabo en el 90% de los candidatos del Hospital Clínico. El tercer escenario es el de pacientes que, a pesar de estar anticoagulados, siguen teniendo ictus, lo que obliga a cerrar la orejuela, pero manteniendo la anticoagulación.

 

Dispositivo que tapona la entrada de la orejuela izquierda, relacionada con el desarrollo de ictus por fibrilación auricular.

Dispositivo que tapona la entrada de la orejuela izquierda, relacionada con el desarrollo de ictus por fibrilación auricular.

Para Salinas, otra de las ventajas de esta práctica es que, una vez que se ocluye la orejuela, “se puede bajar un escalón terapéutico: de la anticoagulación a la antiagregación, estrategia que disminuye la posibilidad de hemorragias. En algunos pacientes, pasado un tiempo y según el riesgo de sangrado, es posible retirar incluso la antiagregación”.

Bajar un escalón terapéutico, otra ventaja

La eficacia del procedimiento, en el caso de FA e intolerancia a anticoagulación, es elevada y puede considerarse una buena estrategia para eliminar el riesgo aumentado de ictus, subraya Salinas, quien añade otra ventaja: cuando se cierra la orejuela, la anticoagulación se elimina, lo que también es una medida coste-eficaz. “El mantenimiento con antiagregantes, que suelen ser bien tolerados, estos pacientes tienen una tasa de ictus similar a la de la población general”.

Los cien pacientes que ha intervenido el equipo del Clínico tenían una edad media de 76 años. La mitad ya había sufrido un ictus y el 85 % hemorragias -algunos hasta dos-, cifras que reflejan que “los pacientes llegan tarde; ya han tenido hemorragias, digestivas, seguidas de las intracraneales, y otras complicaciones”. Además, si estos pacientes no son tratados, “la tasa teórica de ictus podría ser de entre un 8-11% anual. Con el cierre de la orejuela este porcentaje se reduce al 1,6% anual, similar al  de la población general, según los datos de nuestra serie”.

Si los pacientes no son tratados, la tasa teórica anual de ictus se situaría en torno a un 8-11%. El cierre de la orejuela consigue que este porcentaje disminuya al 1,6% anual, similar al de la población general

El seguimiento a medio plazo -unos dos años-, ha demostrado también que el 95% de los intervenidos deja de tomar anticoagulantes y que el 80% se mantiene con un antiagregante. Un 15% se mantiene sin medicación. Salinas aclara que esta bajada de escalón terapéutico es, a veces, motivo de debate médico “Es cierto que no en todos los casos se retira la medicación sino que se reduce la potencia del tratamiento al cambiar el anticoagulante por el antiagregante, lo que se traduce en menor posibilidad de sangrado sin dejar de proteger contra el ictus, que es básico”.

Tarea de todos

Salinas insiste en la importancia de una adecuada derivación de pacientes para que se beneficien de esta estrategia para lo cual se necesita la implicación de geriatras, hematólogos, neurólogos, digestivos e internistas, entre otros. Desde hace año y medio, el equipo del Clínico forma parte de CardioRed, una alianza en la que participan los hospitales de Fuenlabrada, Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares; y Severo Ochoa, en Leganés, que cubren un área asistencial cercana al millón de personas.

Entre sus objetivos está el que otros profesionales conozcan esta posibilidad que “se hace mucho menos de lo que probablemente estaría indicado. Los cardiólogos prescribimos la medicación, pero los efectos adversos, como los sangrados, se abordan desde otras especialidades”.
De hecho, se estima que la técnica sólo se está aplicando actualmente en un 10% del total de potenciales candidatos, cuando este procedimiento, más que terapéutico, es preventivo”.

¿Cómo se realiza el procedimiento?

El procedimiento se basa en cerrar una estructura de la aurícula izquierda, la orejuela, que se asemeja a una manga de viento. Su función y utilidad concretas no están bien definidas. Lo único claro es que es posible vivir sin orejuela y que cuando existe FA puede ser una fuente de problemas, ya que deja de contraerse, provocando que la sangre se remanse dentro de ella y dando lugar a coágulos sanguíneos que suelen ser responsables directos del desarrollo de un ictus.

Para cerrar o ocluir esta cavidad se ha diseñado un dispositivo, similar a un tapón, que consigue que la superficie quede lisa. De forma intervencionista, el procedimiento consiste en la introducción de un catéter por la vena femoral  -lo que hace la técnica más segura al no tratarse de una arteria- de la ingle hasta alcanzar y atravesar el septo interauricular -pasando del lado derecho al izquierdo-.

El trayecto se completa en el orificio de entrada de la orejuela desde donde se implanta y libera el dispositivo que va unido al catéter y que tapona la orejuela. El proceso se realiza con ecografía transesofágica, control que otorga una seguridad muy elevada. Se realiza con sedación o con anestesia general, en función de las necesidades médicas.

#Estimular la #vía sensorial, esencial en el tratamiento de la #disfagia post-ictus

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Las alteraciones de la deglución después de un ictus están asociadas a la pérdida del dominio motor de los músculos, pero también a una disfunción sensorial, lo que indica la necesidad de tratar tanto de la vía motora como de la sensorial, mediante estimulantes químicos o estimulación eléctrica periférica.

Exploración neurofisiológica a un paciente del estudio.
CiberEHD

La disfagia orofaríngea es una alteración de la deglución que afecta a más de la mitad de los pacientes que han sufrido un ictus. Este trastorno se asocia a complicaciones graves como la malnutrición, la deshidratación, infecciones respiratorias y neumonía aspirativa, una de las principales causas de muerte en el primer año después del accidente cerebrovascular.

Investigadores del CIBER de Hepáticas y Digestivas (CiberEHD) en el Hospital de Mataró y la Universidad Autónoma de Barcelona, del grupo que lidera Pere Clavé, acaban de publicar el primer estudio que evalúa de forma completa los mecanismos fisiopatológicos, tanto de carácter biomecánico como neurofisiológico, que explican la disfagia crónica en pacientes post-ictus. Los resultados de esta investigación han puesto de manifiesto la necesidad tanto del abordaje terapéutico para la rehabilitación de la vía motora, a la que se dirigen los actuales tratamientos, como de la sensorial.

Características de la disfagia post-ictus

Estudios previos del mismo grupo ya habían descrito que, en estos pacientes, la disfagia se caracteriza por un enlentecimiento del cierre del vestíbulo laríngeo y por una débil propulsión lingual del bolo que causa la deglución insegura, con aspiraciones en la vía aérea que conducen a complicaciones respiratorias mayores (infecciones del tracto respiratorio y neumonía por aspiración) que empeoran el pronóstico del paciente.

En este nuevo trabajo, publicado en Translational Stroke Research, los investigadores hicieron un seguimiento sobre 30 pacientes que habían sufrido un ictus unilateral con posterior disfagia orofaríngea crónica. En estos pacientes, se incluyó tanto la evaluación de las vías aferente (sensitiva) y eferente (motora) de la deglución.

 

Comparación entre la activación cortical (picos N1 y N2 del potencial evocado sensorial) a estimulación eléctrica faríngea en voluntarios sanos (A) y un grupo de pacientes post-ictus con disfagia orofaríngea (B). Como se puede observar en la imagen, la activación cortial en voluntarios es simétrica y bilateral, mientras que en pacientes con ictus y disfagia es asimétrica y más difusa.

Comparación entre la activación cortical (picos N1 y N2 del potencial evocado sensorial) a estimulación eléctrica faríngea en voluntarios sanos (A) y un grupo de pacientes post-ictus con disfagia orofaríngea (B). Como se puede observar en la imagen, la activación cortial en voluntarios es simétrica y bilateral, mientras que en pacientes con ictus y disfagia es asimétrica y más difusa.

Los principales hallazgos indican una alteración grave de la biomecánica de la deglución con una elevada prevalencia de aspiraciones. En segundo lugar, existe una alteración de la vía sensorial faríngea con un retraso en la conducción e integración de los impulsos aferentes. Y, como tercera característica, se apunta a una reducción de la excitabilidad cortical de la vía eferente con pérdida de la dominancia hemisférica del control motor de la deglución.

La disfagia post-ictus se caracteriza por una grave alteración de la biomecánica de la deglución, así como de la vía sensorial faríngea

“La evaluación exhaustiva de la neurofisiología de la deglución mostró que las alteraciones biomecánicas que se encuentran comúnmente en la disfagia orofaríngea posterior al accidente cerebrovascular no solo están asociadas con la pérdida del dominio motor de la musculatura deglutoria, sino que también la disfunción sensorial faríngeadesempeña un papel clave”, explica Clavé, investigador principal del CiberEHD.

 

Rehabilitar vías aferentes y eferentes

Estos hallazgos abren la puerta a nuevos abordajes terapéuticos que contemplen tratamientos de rehabilitaciónpara ambas discapacidades, tanto sensorial como motora, en pacientes con disfagia crónica post-ictus.

“Es muy probable que el tratamiento de las alteraciones de las vías neuronales tanto aferentes como eferentes mejore la función deglutoria en comparación con el actual enfoque terapéutico centrado sólo en la vía motora o eferente”, explica el investigador del CiberEHD, Omar Ortega. 

“Los tratamientos activos dirigidos a restaurar la función deglutoria en estos pacientes deben dirigirse a mejorar estos trastornos biomecánicos y neurofisiológicos críticos”, concluye Clavé.

#“El 90% de los #ictus se evitaría con prevención adecuada”

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Inmaculada Roldán, coordinadora del Grupo de Trombosis Cardiovascular de la SEC, incide en la importancia de la adecuada prevención, que pasa por la corrección y tratamiento de los factores de riesgo modificables. En colaboración con Bristol-Myers Squibb.

El ictus es la primera causa de muerte en la mujer y también la que más discapacidades produce en la edad adulta, según datos de la Sociedad Española de Neurología. De hecho, cada 6 minutos se produce un ictus en España y cada 14 minutos afecta a una mujer, tal y como recuerda a DM Inmaculada Roldán, coordinadora del Grupo de Trombosis Cardiovascular de la Sociedad Española de Cardiología. “El 90% de los casos de ictus se podrían evitar con una adecuada prevención, que pasa por la corrección y tratamiento de los factores de riesgo modificables, como son HTA, diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo, obesidad, vida sedentaria, consumo de alcohol, terapias hormonales y enfermedades cardiacas previas”, apunta Roldán.

 

En su opinión, no existen programas nacionales que incidan en la detección, tratamiento y seguimiento de los riesgos. “Esto es aplicable tanto a la prevención primaria, es decir, cuando aún no se ha tenido un ictus, como a la secundaria, cuando sí se ha padecido. No hay olvidar que el hecho de haber sufrido un ictus es un factor de riesgo para padecer un segundo”, destaca.

En este sentido, Roldán insiste en que la fibrilación auricular también tiene una mayor prevalencia entre la población femenina: el 60% de los casos en mayores de 75 años son mujeres. “Por ello, es primordial instaurar un tratamiento anticoagulante correcto en la población femenina que, además, se asocia muy frecuentemente a la hipertensión, primer factor de riesgo relacionado con el ictus”, comenta. Sobre la puesta en marcha del Código Ictus, Roldán lo valora de forma positiva porque han conseguido que la mayoría de los pacientes que sufren un episodio sean atendidos con la mínima demora en centros con unidades de ictus. Así se reducen los tiempos de atención, lo que permite aumentar el número de sujetos tratados con trombólisis intravenosa, pasando del 3% inicial hasta alcanzar un 20% de los pacientes con infarto cerebral atendidos en urgencias. “La trombectomía, en los casos en que es posible, se ha convertido en la terapia de elección y, si es precoz, con resultados espectaculares en la recuperación neuronal; tiempo es cerebro: este debe ser el objetivo”. A su juicio, la aplicación del Código Ictus ha reducido un 50% la mortalidad en estos casos, pero todavía no existe un acceso homogéneo a este tipo de programas ni a la rehabilitación posterior, que a menudo no está disponible para todos los pacientes o se recibe con tal demora que compromete la recuperación funcional.

“El acceso a los anticoagulantes directos es desigual, creándose así una inequidad injustificable”

Otro ejemplo de inequidad territorial, según Roldán, es el tratamiento de la cardiopatía isquémica, y en concreto del infarto agudo de miocardio, primera causa de muerte en la población general y segunda en la mujer. “El Código Infarto y el acceso a la revascularización coronaria de forma primaria -instaurado hace más de una década- han cambiado la evolución de la enfermedad en nuestro país. Se ha disminuido la mortalidad y la morbilidad considerablemente en casi un 40%, y el ingreso hospitalario por infarto de miocardio no complicado se ha reducido a 2-3 días, con el consiguiente ahorro en el gasto sanitario”, explica. En cuanto a la salud de la mujer, esta cardióloga considera que la mortalidad es mayor en parte porque llegan más tarde a los programas de rehabilitación cardiaca. “Todavía existen cifras dispares de mortalidad intrahospitalaria por infarto de miocardio en nuestro país debido a la no implantación del Código Infarto en varias comunidades; un ejemplo es Canarias”.

Colaboración con ap

Con respecto al abordaje de la fibrilación auricular, factor de riesgo para sufrir un ictus, Roldán alega que las mujeres suelen estar peor tratadas que los hombres, y que “el acceso a los anticoagulantes directos es desigual en las distintas comunidades autónomas, con visados diferentes, creándose así una situación de inequidad en nuestro país injustificable. Así, en Madrid el porcentaje de empleo de anticoagulantes directos es del 31% frente a casi un 60% en Cantabria”. Para esta cardióloga las diferencias en el acceso a los anticoagulantes tienen repercusiones clínicas desfavorables en la evolución y pronóstico de los pacientes.

“La trombectomía, cuando es posible, se ha convertido en la terapia de elección”

En materia de prevención, la atención primaria se debe colocar en el centro de la estrategia de detección y tratamiento de los factores de riesgo. “Su trabajo es clave en el cambio de vida y adopción de hábitos saludables, como dieta y ejercicio. Además, la colaboración de primaria y especializada es clave en el seguimiento y control de los pacientes crónicos, la coordinación asistencial en el ámbito hospitalario y la continuidad de cuidados”, alerta Roldan. A su juicio, los centros de salud son el entorno idóneo para instaurar programas de detección oportunista de fibrilación auricular.

#Nuevo tratamiento para la fase aguda del #ictus

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Una investigación liderada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha desarrollado un tratamiento para reducir la inflamación cerebral a partir de una molécula inmunomoduladora (aptámero frente a TLR4).

A punto de entrar en las fases de ensayos clínicos, esta novedad ayudaría a paliar la fase aguda del ictus isquémico, enfermedad que provoca 40.000 muertes al año en este país y que es la primera causa de muerte de las mujeres en España, según ha informado la universidad en un comunicado.

El nuevo tratamiento para la fase aguda del ictus isquémico es un aptámero (moléculas de DNA/RNA) capaz de reconocer y unirse a dianas terapéuticas con una “especificidad muy alta”.

Además, su “mayor estabilidad y reproducibilidad y su menor inmunogeneicidad y tamaño la convierten en una alternativa muy ventajosa frente a otros fármacos”. Dicho aptámero está a punto de entrar en la fase de ensayos clínicos en una investigación en la que participa la UCM.

El candidato a fármaco bloquea el receptor de inmunidad innata Toll-like receptor 4 (TLR4), un receptor de inmunidad innata clave en la activación de procesos inflamatorios. TLR4 ha sido implicado en un “gran número de enfermedades”, como las vasculares (ictus, infarto de miocardio, aterosclerosis), sepsis, esclerosis múltiple, retinitis, enfermedades autoinmunes, cáncer, etcétera, comenta Ignacio Lizasoain, catedrático del departamento de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Medicina de la UCM.

El origen de la tecnología que ha dado lugar al desarrollo de este aptámero se encuentra en el ámbito académico y es fruto del trabajo de más de diez años. A partir de estas investigaciones, AptaTargets identificó y caracterizó un pool de moléculas frente a dianas farmacológicas en el área terapéutica del ictus y seleccionó este aptámero como el mejor candidato.

#Los niños de #estatura más baja podrían enfrentarse a un mayor riesgo de #ictus en la edad adulta (Stroke)

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Investigadores daneses han descubierto que los niños que son apenas unos centímetros más bajos que sus compañeros tienen más probabilidades de experimentar un ictus en la edad adulta, según publican en Stroke.

En concreto, observaron que las mujeres que de niñas eran más bajas que sus compañeras a los 7 años tenían un 11% más de probabilidades de sufrir un ictus isquémico de adultas.

E los hombres, los más bajos que el resto a los 7 años tenían un 10% más de probabilidades de sufrir un ictus isquémico y un 11% más de desarrollar un ictus hemorrágico.

“Nuestro estudio muestra que una estatura baja en la infancia se asocia a un mayor riesgo de ictus décadas más tarde”, ha destacado la principal investigadora de este trabajo, Jennifer Lyn Baker, del Frederiksberg Hospital y el Centro de Investigación Clínica y Prevención en Bispebjerg.

En cambio, en el estudio también constataron que la altura ganada entre los 7 y 13 años no influyó en el futuro riesgo cerebrovascular.

En total analizaron datos de un total de 311.009 escolares nacidos entre los años 1930 y 1989, centrándose en la altura que presentaban a los 7 y 13 años. Los investigadores siguieron a la mitad de los participantes durante al menos 31 años, aunque en algunos casos lo hicieron durante 83 años.

Durante todo el periodo de estudio un total de 10.412 personas sufrieron un accidente cerebrovascular isquémico y 2.546 un accidente cerebrovascular hemorrágico. Y de todos ellos, quienes eran entre 5 y 7 centímetros más bajos que la estatura media de sus compañeros eran los que tenían más riesgo de ictus de adultos.

Aunque en los casos registrados durante la primera mitad del siglo XX los autores pensaron que podían haber influido otros factores como la mala nutrición o infecciones en la infancia, los resultados “desafían esa hipótesis”, ya que el riesgo es similar en todo el periodo de estudio.

No obstante, los autores admiten que el estudio no ha sido un experimento controlado diseñado para probar si la estatura podría influir en un mayor riesgo de ictus de adultos, ni a qué se debe esta relación.

De este modo, aconsejan a los padres de niños bajitos no preocuparse o pensar que sus hijos van a sufrir un ictus de adultos. Sólo sirve para tenerlo en cuenta como un factor de riesgo más. “Puede ayudarnos a comprender mejor por qué algunos adultos sufren esta enfermedad”, han apuntado.

#El consumo de #café puede estar asociado a #menor riesgo de #insuficiencia cardiaca e #ictus

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Beber café puede estar asociado a un menor riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca o experimentar un ictus, según una investigación preliminar presentada en las Sesiones Científicas 2017 de la Asociación Americana del Corazón, celebradas en Anaheim, Estados Unidos.

Los investigadores utilizaron el aprendizaje automático para analizar los datos del Framingham Heart Study de larga duración, que incluye información sobre lo que las personas comen y su salud cardiovascular. Descubrieron que tomar café se asociaba a un 7% menos riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca y a un 8% menos de riesgo de ictus con cada taza adicional de café consumida por semana en comparación con los que no toman café. Es importante señalar que este tipo de diseño de estudio revela una asociación observada, pero no prueba causa y efecto.

El aprendizaje automático funciona mediante la búsqueda de asociaciones dentro de los datos, de la misma manera que los sitios de compras por internet predicen los productos que te pueden gustar en función de tu historial de compras, y es un tipo de análisis de grandes datos. Para garantizar la validez de sus resultados y determinar la dirección del riesgo, los científicos continuaron analizando los resultados de aprendizaje automático utilizando el análisis tradicional en dos estudios con conjuntos de datos similares: el Cardiovascular Heart Study y el Atherosclerosis Risk In Communities Study.

La asociación entre el consumo de café y el menor riesgo de insuficiencia cardiaca e ictus se observó de manera consistente en los tres estudios. Si bien se conocen muchos factores de riesgo de insuficiencia cardiaca y accidente cerebrovascular, los autores creen que es probable que haya factores de riesgo aún no identificados.

“Nuestros hallazgos sugieren que el aprendizaje automático podría ayudarnos a identificar factores adicionales para mejorar los modelos de evaluación de riesgos existentes. Las herramientas de evaluación de riesgos que actualmente utilizamos para predecir si alguien podría desarrollar una enfermedad cardiaca, particularmente insuficiencia cardiaca o accidente cerebrovascular, son muy buenas pero no cien por cien exactas”, señala la primera autora del estudio, Laura M. Stevens, de la Universidad de Colorado.

#Identifican una molécula que podría ser un potente #agente neuroprotector del #ictus (ACS Chem Neurosci)

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En una extensión y capacidad como no se había observado antes en otras nitronas ensayadas en modelos similares.

En una extensión y capacidad como no se había observado antes en otras nitronas ensayadas en modelos similares.

Un equipo multidisciplinar formado investigadores del Instituto de Química Orgánica General de Madrid (CSIC), del Hospital Ramón y Cajal de Madrid (IRYCIS), y del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS), ha identificado la molécula quinolil nitrona RP19 como un potente agente neuroprotector, en modelos experimentales in vitro e in vivo, del ictus.

Publicado en la revista “ACS Chemical Neuroscience”, el trabajo confirma el potencial terapéutico de esta molécula y abre nuevas y prometedoras perspectivas para el inicio de los estudios pre-clínicos para evaluar su potencial uso en la terapia del ictus.

“Las enfermedades cerebrovasculares o ictus comprenden un conjunto de trastornos como consecuencia de una disminución del flujo sanguíneo cerebral, o de procesos hemorrágicos cerebrales, que causan graves secuelas neurológicas. La disminución del flujo sanguíneo induce un proceso isquémico, de manera transitoria o permanente, que puede afectar a solo una parte (isquemia focal) o a todo el cerebro (isquemia global)”, ha explicado el Dr. José L. Marco-Contelles.

Y es que, a pesar del “gran” impacto social del ictus, no hay un tratamiento adecuado para la mayoría de los afectados, reducido solo a la reperfusión por medios mecánicos (tromboctomía) o por agentes trombolíticos, como el activador recombinante de plasminógeno tisular (rtPA), pero que presentan importantes limitaciones, o una ventana terapéutica muy estrecha.

De hecho, en el cerebro, la reperfusión inicial después de un evento isquémico provoca un estrés adicional por la producción de especies oxigenadas reactivas (ROS). Es por ello que las nitronas, por sus propiedades químicas y su actividad biológica como atrapadoras de ROS, se han evaluado tradicionalmente como agentes terapéuticos, aunque sin éxito clínico hasta la fecha.

“En este equipo multidisciplinar hemos diseñado, sintetizado y evaluado en modelo animal de isquemia cerebral la quinolil nitrona RP19 como agente permeable y adecuado que mejora las propiedades farmacológicas de citicolina, o de otras nitronas como PBN o NXY-059. La nitrona RP19 se ha ensayado en tres modelos experimentales de daño isquémico: en el de deprivación de oxígeno-glucosa en cultivos neuronales primarios; en isquemia global transitoria, y en isquemia focal, según el modelo de la oclusión transitoria de la arteria cerebral media”, ha detallado el experto.

De estos resultados experimentales, prosigue, se puede concluir que la quinolil nitrona RP19 es un “potente” agente neuroprotector en la isquemia experimental inducida en neuronas “frente al daño isquémico por isquemia transitoria inducida en modelo animal, en una extensión y capacidad como no se había observado antes en otras nitronas ensayadas en modelos similares”, ha añadido.

Por todo ello, los científicos han sugerido que la nitrona RP19 puede tener interés para la terapia del ictus, y que la estrategia terapéutica para el ictus basada en la neuroprotección debe ser tenida en cuenta en el diseño de fármacos para el tratamiento de esta patología.