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Aumenta la demanda de ayuda por el abuso de las TIC entre los jóvenes

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Para poder detectar el abuso hay que descubrir si hay fracaso escolar, aislamiento social o agresividad.

Para poder detectar el abuso hay que descubrir si hay fracaso escolar, aislamiento social o agresividad.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), como Internet o los ‘smartphones’, son parte del día a día de la sociedad, sin embargo, su uso abusivo puede suponer un problema para poblaciones vulnerables como son los jóvenes, quienes han incrementado la demanda de ayuda por hacer un uso abusivo de estas en los últimos años, según la Asociación Proyecto Hombre.

Concretamente, en el periodo 2013-2016, se produjo un ascenso en la demanda de ayuda a Proyecto Joven -la iniciativa de la Asociación dirigida a este grupo de población-, pasando de un 0,42% de los casos en el primer año a un 2,8% en 2016, según datos recogidos por Proyecto Hombre. A pesar de que la cifra no es alta en comparación con el número total de jóvenes que atiende la Fundación, sí refleja un incremento progresivo del abuso de las TIC entre estos.

Esto es importante porque, además de crear una dependencia (momento en el que se solicita la ayuda), el mal uso de estas tecnologías trae consigo otro tipo de problemáticas, como son la pérdida de privacidad, la suplantación de identidad, el acceso a contenidos inapropiados o el ‘ciberbullying’.

Y es que el 74% de los adolescentes afirma haber tenido su primer móvil entre los 10 y 14 años, además de observar que son ellos quienes más consumen tecnologías respecto a ellas, debido a que los chicos están más informados en las novedades en las TIC que las chicas, según un estudio realizado en 2016 por Proyecto Hombre Provincia de Cádiz.

Sin embargo, “no podemos observar el espacio de las tecnologías como una amenaza sino como una contribución al progreso de las sociedades, y ello comporta educar en el manejo de estas porque lo que aportan es infinitamente más positivo que la problemática que puedan ocasionar en un momento concreto”, según ha destacado el delegado del Plan Nacional sobre Drogas, Francisco de Asís Babín.

Esta educación parte del ámbito familiar, de implantar una serie de normas a los adolescentes a la hora de utilizar el móvil o el ordenador, algo que no se hace ya que el 80% de las familias reconoce ausencia de un seguimiento continuado del uso que sus hijos e hijas hacen de las TIC, según los datos recogidos en 2016 por Proyecto Hombre Valladolid.

Así, el joven que abusa de las TIC y solicita ayuda al Proyecto Hombre es un chico, de 16 o 17 años, estudiante y con problemas de comportamiento, que acude a la Asociación porque su familia solicita ayuda y, sin embargo, esta la solicita porque la forma de actuar del adolescente molesta, no porque se detecte de manera inmediata, según ha indicado el presidente de Proyecto Hombre, Luis Bononato.

Esto hace imprescindible el control del joven en cuanto a horas de utilización de las TIC, así como preguntarse si hay fracaso escolar por parte de este, si se ha aislado socialmente o si es más agresivo, para poder detectar el abuso de estas y así solicitar ayuda.

Una vez solicitada esta, Proyecto Hombre identificará el problema para después establecer las líneas de intervención con la familia y el centro educativo, y gestionará el tiempo libre del joven con organizaciones en las que pueda relacionarse sin necesidad de utilizar Internet, entre otras actuaciones.

Identifican nuevos indicadores para diagnosticar la dislexia en niños

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Como relacionar las grafías y los sonidos y saber las tablas de multiplicar.

Como relacionar las grafías y los sonidos y saber las tablas de multiplicar.

La consultora del máster Dificultades de aprendizaje y trastornos del lenguaje de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Anna López Sala ha propuesto cinco indicadores de progreso –adaptados a la edad– para detectar la dislexia en niños, como relacionar las grafías y los sonidos y saber las tablas de multiplicar, con motivo del Día Mundial de la Dislexia que se celebra este domingo.

La experta ha señalado que el impacto social que tiene que soportar una persona disléxica es muy grande y que en el caso de la infancia “estas dificultades pueden desencadenar trastornos emocionales como ansiedad, baja autoestima y fracaso escolar”, así como reducir las expectativas profesionales de adultos no diagnosticados.

Para detectar la dislexia en niños de entre cinco y siete años, ha indicado como “signos de alerta” que no se progrese en procesos como el de identificar los sonidos que forman las palabras, aprender los días de la semana o tener capacidad para hacer rimas, mientras que en edades entre los siete y los nueve serían mejorar la velocidad lectora y poder construir discursos escritos estructurados, entre otros.