Los # teléfonos inteligentes afectan la capacidad cognitiva

Postado em Atualizado em

Batya Swift Yasgur, MA, LSW

Tener un teléfono inteligente cerca reduce la capacidad cognitiva, incluso cuando el dispositivo está apagado, según muestra una nueva investigación.[1]

Un equipo de científicos, encabezado por el Dr. Adrian Ward, PhD, profesor asistente de la McCombs School of Business, de la Texas University, en Estados Unidos, llevó a cabo dos estudios en los que cerca de 800 alumnos de pregrado realizaron una tarea cognitiva con sus teléfonos inteligentes, bajo tres condiciones: 1) cerca y a la vista; 2) cerca y fuera de la vista; o 3) en una habitación separada.

Los investigadores descubrieron que la sola presencia del teléfono inteligente afectó negativamente la capacidad cognitiva disponible, incluso cuando los participantes lograban mantener la atención, no estaban usando su teléfono, y no informaron estar pensando en el dispositivo. Estos efectos cognitivos fueron más fuertes en aquellos que reportaron mayor dependencia a los teléfonos inteligentes.

“No es que los participantes se distrajeran por recibir notificaciones en sus teléfonos”, indicó el Dr. Ward en un comunicado de prensa. “La sola presencia del teléfono inteligente fue suficiente para reducir su capacidad cognitiva”.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 3 de abril en Journal of the Association for Consumer Research.

Desgaste mental

“El número creciente de teléfonos inteligentes ha marcado el comienzo de una era de conectividad sin precedentes”, escriben los autores.

“A medida que los individuos recurren cada vez más a las pantallas de los teléfonos inteligentes para administrar y mejorar su vida cotidiana, debemos preguntarnos en qué forma la dependencia a estos dispositivos afecta la capacidad de pensar y funcionar en el mundo fuera de los dispositivos”.

También señalan que la investigación anterior se ha centrado en el singular hecho de que las interacciones de los consumidores con sus teléfonos inteligentes pueden tanto facilitar, como entorpecer, el rendimiento fuera de pantalla.

El presente estudio es diferente, ya que se centra en “una situación antes inexplorada (pero común)”, cuando los teléfonos inteligentes no están siendo usados, pero simplemente están presentes.

Para investigar esta cuestión el estudio incluyó dos experimentos relacionados.

En el primer experimento probaron “la proposición de que la sola presencia del teléfono inteligente reduce la capacidad cognitiva disponible, tal como se refleja en el desempeño en las pruebas de capacidad de memoria de trabajo y de inteligencia fluida”, ambos constructos “limitados por la disponibilidad de recursos atencionales y la disponibilidad momentánea de estos recursos”.

Los participantes (n = 520; edad media: 21,1 años; desviación estándar [DE]: 2,4) fueron asignados aleatoriamente a uno de los tres grupos, distinguidos por la ubicación del teléfono.

El grupo de “teléfono en otra habitación” dejó todas sus pertenencias, incluyendo los teléfonos en el vestíbulo, antes de entrar en la sala de pruebas. Los participantes en el grupo de “teléfono en el escritorio” dejaron la mayor parte de sus pertenencias en el vestíbulo, pero llevaron los dispositivos a la sala de pruebas, donde se les ordenó colocarlos boca abajo en un lugar designado en los escritorios.

Los participantes en el grupo de “teléfono en el bolsillo o bolsa” llevaron sus pertenencias a la sala de pruebas y mantuvieron los teléfonos en los bolsillos o en las bolsas.

Los participantes completaron dos pruebas diseñadas para medir la capacidad cognitiva disponible. La prueba de ejecución de tarea operativa (OSpan) y un subconjunto de 10 puntos contenidos en el Test de Matrices Progresivas de Raven.

Los participantes también completaron una prueba que requiere un cálculo matemático, así como un cuestionario sobre sus experiencias en el laboratorio, y su opinión sobre la asociación entre los teléfonos inteligentes y el rendimiento.

Las comparaciones pareadas revelaron que los participantes del grupo de “teléfono en otra habitación” obtuvieron mejores resultados que los del grupo “teléfono en el escritorio” (p = 0,002). Los participantes en el grupo de “teléfono en el bolsillo o bolsa” no tuvieron un desempeño significativamente diferente al del grupo de “teléfono en el escritorio” (p = 0,09) o de ” teléfono en otra habitación” (p = 0,11).

Un análisis de contrastes planificado reveló una tendencia lineal significativa escritorio→bolsillo o bolsa→otra habitación sin ninguna tendencia cuadrática, “lo que sugiere que a medida que aumenta la notoriedad del teléfono inteligente, la capacidad cognitiva disponible disminuye”, escriben los autores.

Los investigadores llevaron a cabo un análisis de la varianza (ANOVA) de un factor con las respuestas de los participantes a la pregunta: “Al completar las tareas de hoy, ¿con qué frecuencia pensaste en tu teléfono celular?”. No encontraron ningún impacto de la ubicación del teléfono en los pensamientos relacionados con el dispositivo (p = 0,43). De hecho, la frecuencia modal de auto-reporte sobre pensar en el teléfono en cada uno de los grupos fue “nula”.

Disminución de la capacidad cognitiva

En el segundo experimento, los investigadores indagaron en los efectos de la capacidad de distracción de los teléfonos inteligentes tanto en las pruebas de capacidad de memoria de trabajo, como en la medición del comportamiento de la atención sostenida en 275 estudiantes de pregrado (edad media: 21,3 años; DE: 2,6).

Los investigadores repitieron el diseño básico del primer experimento, con varias excepciones. Se usaron las mismas tres localizaciones de teléfono, y el experimento empleó un diseño de encendido o apagado del dispositivo entre los participantes. Los del grupo de “teléfono en el escritorio” fueron instruidos para colocar los aparatos con la cara hacia arriba. Los participantes en todos los grupos recibieron instrucciones de dejar sus teléfonos en la función de “encendido” o “apagado”.

Los participantes completaron dos medidas, la prueba OSpan y la prueba Cue-Dependent Go/No-Go (medida de la atención sostenida). Al finalizar también reportaron la dificultad subjetiva de cada tarea.

Los participantes respondieron a preguntas exploratorias con respecto a sus diferencias individuales en el uso y la conexión a sus teléfonos inteligentes.

Al igual que en el primer experimento, las comparaciones pareadas revelaron que los participantes en la condición de “teléfono en otra habitación” se desempeñaron significativamente mejor en la prueba OSpan en comparación con los participantes en la condición de “teléfono en el escritorio”. Los participantes del grupo de “teléfono en el bolsillo o bolsa” no tuvieron un desempeño significativamente diferente al de los otros dos grupos. El análisis de contrastes planificado también fue similar.

“Los efectos nulos del Estado de Encendido o Apagado y la interacción Encendido × Ubicación, sugieren que las disminuciones en el rendimiento no están relacionadas con notificaciones entrantes (o la posibilidad de recibir notificaciones), descartando esta explicación alternativa de los efectos encontrados en el primer experimento”, comentan los autores.

Los investigadores encontraron que las diferencias individuales en la dependencia de los teléfonos inteligentes moderaron las disminuciones cognitivas. Los participantes que eran más dependientes de sus teléfonos inteligentes tuvieron un peor funcionamiento que los menos dependientes, pero solo cuando mantuvieron los teléfonos en los bolsillos, bolsas o escritorios.

“De manera sorprendente, cuanto más dependen los consumidores de sus teléfonos inteligentes, más parecen sufrir por su presencia o, expresado con optimismo, más pueden beneficiarse de su ausencia”, señalan los investigadores.

“Vemos una tendencia lineal que sugiere que a medida que el teléfono inteligente se vuelve más visible, la capacidad cognitiva disponible de los participantes disminuye”, indicó el Dr. Ward.

“Su mente consciente no está pensando en su teléfono inteligente, pero el proceso de exigir que no piense en algo, usa algunos de sus limitados recursos cognitivos, lo que es un desgaste mental”.

Implicaciones atemorizantes

Al comentar sobre el estudio para Medscape Noticias Médicas, el Dr. Larry Rosen, PhD, profesor emérito de psicología de la Universidad Estatal de California, en Estados Unidos, calificó al estudio de “muy bien hecho y bien ejecutado, pero también un poco atemorizante”.

“Nuestro grupo ha supervisado a los alumnos cuando estudian, y cuando lo hacen, mantienen el teléfono junto a ellos, y la norma (aunque su trabajo sea realmente importante y sepan que los estamos observando) es que estudian solo 10 de 15 minutos, que es su capacidad máxima para prestar atención y no sentirse obligados a revisar sus teléfonos”, informó el psicólogo.

“La gente revisa sus dispositivos, incluso si el teléfono no vibra o no se reciben notificaciones, lo cual es producto de nuestra inmersión en este mundo de teléfonos inteligentes”, comentó el Dr. Rosen, autor de The Distracted Mind (MIT Press, 2016).

“Sabemos que este comportamiento aumenta la ansiedad y también disminuye la capacidad cerebral al crear dificultades para procesar la información”, continuó el investigador, “lo que tiene sentido si la información a la que se supone que uno debería estar atendiendo es distraída por el dispositivo. ¿Cómo podría uno recordar o procesar algo profundamente si solo lo procesa por unos minutos?”.

Asimismo, el Dr. Rosen añadió que el estudio tiene implicaciones importantes para los clínicos. “Deben estar conscientes de que cualquier mensaje que estén dando a sus pacientes probablemente no está siendo escuchado con claridad, debido a que tal vez no están permitiendo que usen su teléfono mientras están en la sesión, por lo que su cerebro está parcialmente ausente. Usted podría estarles pidiendo que reflexionen, pero en lo que realmente están concentrados es en pensar: ‘No he revisado mi Snapchat en un tiempo’”.

Además, “los clínicos tienen que observar su propio comportamiento respecto a esta situación y no revisar sus mensajes en medio de una sesión. Si es necesario, médico y paciente pueden tomar un breve descanso para checar el teléfono”.

Los investigadores indican varias tácticas para mitigar el “desgaste mental”, señalando que, a la luz de sus hallazgos, las estrategias de poner el teléfono boca abajo o boca arriba y apagado “probablemente son inútiles”. Más bien, “nuestros datos sugieren al menos una solución simple, la separación”, en particular “periodos definidos y limitados de separación”.

Los investigadores concluyen que su estudio “contribuye al creciente debate entre consumidores y comerciantes, sobre las influencias de la tecnología en los consumidores, y de los consumidores en la tecnología en un mundo cada vez más conectado.

El apoyo a la investigación fue proporcionado por el Atkinson Behavioral Lab. Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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